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    marta abreu 1

    (Por: M Sc Hedy Águila Zamora)

    “Mejoramiento Humano” y “Calidad de Vida” son expresiones de uso frecuente en el léxico cubano contemporáneo, pero en tiempos del colonialismo español, no era del interés de hacendados ni estaba en la voluntad política de los gobernantes mejorar el modo de vida de la población, sólo los ricos y poderosos podían disfrutar del confort hogareño, del arte y la literatura como formas de expansión espiritual, sin embargo, existían personas que se preocupaban  por practicar la caridad pública, entre las que se encontraba Doña Marta Abreu de Estévez, pero con la particularidad de que ella fue más allá de la simple limosna. Marta fue portadora de una gran preocupación por sus coterráneos, en cualquier ciudad del mundo donde se encontrara no olvidaba a su país. En cartas a su amiga íntima Teresita Quijano le comunicaba sus inquietudes en frases que traslucían  sus añoranzas y disgustos: “tan hermoso y tan desgraciado, yo que lo amo tanto" (*) así se refería a aquella Cuba que sufría el vasallaje colonial.

    Nació Marta de los Ángeles Abreu Arencibia en la calle Sancti Spíritus el 13 de noviembre de l845. Desde muy pequeña se descubría en ella una gran sensibilidad caritativa y dadivosa. Cuentan sus biógrafos que Marta cuando visitaba la Hacienda Dos Hermanas, propiedad de su padre, la madre designaba un esclavo jovencito para que la vigilara porque ella se despojaba de sus ropas para vestir a las niñas, hijas de las negras esclavas y cuentan también que su bolsa siempre estaba vacía porque todas las monedas que caían en sus manos se las regalaba a los pobres, así creció Marta y ese sentimiento de bondad no cambió, por el contrario se acrecentó. Tuvo suerte de contraer matrimonio con Don Luis de Estévez, un matancero de condición más bien pobre, quien, gracias a su inteligencia y tesón logró culminar sus estudios en la Universidad de la Habana. Luis apoyaba a Marta en todos sus proyectos sociales en pos del bien de sus coterráneos.

    En l876 falleció Don Pedro Nolasco González Abreu, la mitad de los bienes de esta familia pasaron a propiedad de su esposa Doña Rosalía Arencibia y la otra mitad se distribuyó entre sus hijas: Rosa, Marta y Rosalía. Las tres de común acuerdo materializaron la voluntad póstuma del padre quien dejó testado 20 000 pesos para la fabricación de una escuela para niños pobres. Este proyecto se ejecutó y la escuela fue inaugurada el 31 de enero de 1882, con el nombre de San Pedro Nolasco.

    El 18 de octubre de ese mismo año fallecía Doña Rosalía Arencibia y por tanto Marta y sus hermanas entraban en posesión de toda su fortuna, fue cuando ella pudo llevar a vías de hecho su proyecto social en beneficio de la comunidad santaclareña en el que atendió aspectos económicos y sociales, especialmente aquellos más sensibles: la educación, la cultura  y la salud.

    La madre de Marta también dejó en testamento 20 000 pesos para la construcción de un colegio para niños pobres, pero en este caso para hembras. De nuevo las tres hermanas se unían para auspiciar otra obra, compraron un terreno contiguo a la casa que había sido vivienda de esta familia, que en esos momentos estaba ocupada por un Círculo de Recreo, en la calle El Carmen # 3, (hoy Máximo Gómez), la mandaron a desocupar y a remodelar en su interior para trasladar el colegio San Pedro Nolasco, posteriormente construyeron al lado el de niñas que llamaron Santa Rosalía  en honor a la madre, en Carmen N°1. En septiembre de l883 se realizó el traslado y al año siguiente quedó concluido el nuevo plantel, pero no fue inaugurado hasta diciembre de l885 cuando llegaron las monjas de la orden Amor de Dios  para atender las alumnas.

    Para el mantenimiento de estas escuelas, las hermanas donaron 30 000 pesos cada una. Ambas instituciones fueron equipadas y dotadas de todo lo necesario, tanto en mobiliario como en materiales escolares, claustro seleccionado por sus patrocinadoras y un Reglamento,  redactado por Don Luis Estévez Romero.

    Las escuelas legadas por sus padres estaban destinadas a niños pobres de ambos sexos, pero de la raza blanca por lo que Marta había creado paralelamente una para niños “de color”, en la calle San Agustín (Alemán) entre Santa Clara, (Tristá) y San Cristóbal, en  un local que era de su propiedad. Esta institución se mantenía de los alquileres obtenido de dos de las casas propiedades de Marta, en la calle Sancti Spíritus (Juan Bruno Zayas).

    También era de su preocupación la formación profesional de los jóvenes en su período de adolescencia, el cultivo del talento que se perdía en aquella sociedad sin garantías ni libertades. Marta expresaba su interés en la creación de una escuela que preparara a los jóvenes para emprender un oficio. Murió sin lograr este objetivo, no obstante el Ayuntamiento, póstumamente, lo materializó, convirtiendo el colegio San Pedro Nolasco en una escuela de Artes y Oficios (hoy se encuentra funcionado en ese edificio un Restaurant).

    En mayo de 1886 Marta Abreu, adquirió el terreno situado en la calle La Gloria, donde se  construyó un edifico con tres departamentos: uno para la Policía, otro para el Cuerpo de Bomberos del Comercio y el dedicado a la enseñanza hacia el cual se trasladó la Escuela Municipal Conyedo. Este edificio fue entregado al Ayuntamiento a cambio del que ocupaba la antigua emita La Candelaria, para su demolición y en cuyo espacio se había erigido el teatro La Caridad.

    El 8 de septiembre de 1885 fue inaugurado el teatro La Caridad, la gran obra de Marta Abreu, apoyada por su esposo, Don Luis Estévez con la que se dotaba la ciudad de la institución cultural más importante de ese siglo en Santa Clara y a la vez contribuía a elevar la cultura de los santaclareños, también ofrecía una alternativa para el mantenimiento del asilo de pobres, porque el edificio que había sido construido para escuela, al ocurrir el traslado de ésta para la calle El Carmen quedó desocupado y Marta ordenó a su primo Francisco Arencibia que realizara un trabajo de captación de aquellas familias desposeídas, de pequeños núcleos para que ocuparan las diecisiete habitaciones, de las veinte con que contaba el local y las tres restantes serían entregadas a un conserje, nombrado para custodiar el lugar y preservar el orden interior; la cocina sería comunera así como el patio. Con este proyecto no sólo se proporcionaba el habitad y la alimentación a un número de personas, sino que se integraban a la sociedad, que por su condición de mendigos, las marginaba e incluso se previó el custodio para que reinara el orden y cuidado del edificio. (El edificio, situado en Marta Abreu esquina a San Pedro, actualmente permanece ocupado por la escuela primaria Carlos J. Finlay)

    El 15 de julio de 1886 quedaba inaugurado el Obelisco que perpetúa la memoria de los sacerdotes Don Juan de Conyedo y Don Francisco Hurtado de Mendoza en la Plaza Central de Santa Clara ( hoy Parque Vidal ) lo que nos demuestra la preocupación de la benefactora por salvaguardar la memoria histórica y rendir culto a quienes lo merecían.

    En uno de sus viajes por Europa, visitaron ella y su familia  a Suiza y allí vio unos lavaderos públicos, que según contó después el Dr. Carlos de la Torre que los acompañaba, pensó de inmediato en las mujeres de Santa Clara que lavaban en el agua del río y bajo el sol, el proyecto de construir cuatro lavaderos públicos fue trasmitido al Ayuntamiento de Santa Clara. Con estos, propiciaba mayor comodidad a las mujeres humildes, contribuía a preservar su salud y evitaba la contaminación de las aguas del río que eran de vital importancia en aquel momento pues aún no existía acueducto y la ciudad se abastecía de los ríos Bélico y Cubanicay que la circundaban.

     Marta dotó a Santa Clara de los adelantos científicos más avanzados de la época que se conocían en Estados Unidos y Europa, lugares que visitaba con asiduidad; entre esos adelantos estaba la electricidad. En l895 patrocinó la construcción de una planta eléctrica y paralelamente mandó a realizar otras obras sociales de gran beneficio a los santaclareños para el mejoramiento de sus condiciones de vida, una fue la estación de ferrocarriles, inaugurada el 28 de febrero de ese año, conjuntamente con la planta eléctrica, al día siguiente el dispensario El amparo  para atender los niños pobres enfermos. En el marco de los festejos que el pueblo y el gobierno de la villa organizaron por el gran acontecimiento de la electrificación de la ciudad, realizó, además, otras obras caritativas como fue la entrega de máquinas de coser a muchachas de escasos recursos económicos para que fueran utilizadas como instrumentos de trabajo que constituirían sus medios de subsistencia. También entregó sumas de dinero para beneficio de pobres, hospitales y presos, para estos propició la creación un sistema de esposas, que consistían en un par de argollas de metal que no dañaban la piel de los presos al trasladarlos y resultaban más cómodas.

    La construcción de la Planta Eléctrica, además de lo que significó como el más importante de los adelantos científicos del momento, era una fuente de empleo para el pueblo. En la organización laboral estaban presentes, la atención al hombre y la preocupación de lo que, en términos modernos, se le llama protección e higiene del trabajo; en cuanto a preservar la salud, la atención médica y medicina gratuita, el pago por certificados médicos, incluyendo los funerales, en caso de fallecimiento de algún trabajador; esto, en aquellos momentos, no era muy usual en la conducta de los patronos.

    El Dispensario El Amparo, situado donde hoy se encuentra ETECSA, quedó dotado de todo lo necesario para la atención a los niños enfermos, de familias sin recursos para pagar a un médico.

    En 1894, destinó 10 000 pesos oro a la compra de equipos para el montaje de una Estación Observatorio de Astronomía y responsabilizó al Dr. Julio Jover Anido, destacado meteorólogo de la ciudad, con ello propiciaba que los pobladores de Santa Clara pudieran ser prevenidos del peligro que ofrecían los huracanes u otros fenómenos atmosféricos.

    En 1899 regaló los instrumentos para la Banda de Música del Cuerpo de Bomberos, lo que además de prestigiar esa organización le ofrecía la posibilidad de utilizarla en actividades que le permitía incrementar los ingresos para el sostenimiento de la misma. Donó en el cementerio una bóveda para los pobres. Contribuyó a la reparación del camino a Camajuaní y a las reformas que se hicieron a la iglesia del Buen Viaje y a la de Encrucijada.

    En el plano particular también ayudó a muchas personas y fue mecenas de artistas e intelectuales y hombres de ciencia como los Doctores, Carlos de la Torre, naturalista; Julio Jover Anido, astrónomo; Manuel Velasco quien estudió la carrera de medicina gracias a la ayuda brindada por Marta. Existen infinidad de ejemplos que reflejan la forma sencilla y desinteresada como la benefactora protegía y apoyaba a los necesitados, no sólo en Santa Clara lugar donde mayor incidencia tuvo su dádiva, sino también en otras tierras de residencia, como sucedió con una señora de condición humilde en Francia,  que  pagaba los estudios de su hijo con el producto de los sellos usados que recolectaba y luego revendía, desde el día que Marta lo supo entregaba grandes cantidades de sellos usados a esta señora, hasta el punto que, casi, era ella quien pagaba  los estudios al niño.

    En relación con el tratamiento a sus esclavos, refieren sus biógrafos que las tres hermanas al entrar en posesión  de las dotaciones de esclavos, heredadas entre sus bienes, les dieron la libertad, pero Marta y Luis trazaron una estrategia más humana como fue la de no lanzarlos a vivir discriminados y sin empleo,  les entregaron parcelas de tierra para el cultivo de frutos menores, y una pensión de seis pesos y los domésticos quedaron como empleados con sus salarios, de esa forma, bajo su protección, serían  respetados socialmente.

    Además de la ayuda brindada a su comunidad que le ha valido para ser reconocida como la benefactora de la ciudad, realizó la mayor de las obras en beneficio de su pueblo al participar en la guerra del 95 para lo que puso toda su fortuna al servicio de la causa y manifestó que si se acababa pedirían limosna ella y su familia pero la libertad de Cuba era lo primero. Desde Francia Marta ayudó con grandes sumas de dinero, fue la persona que más aportó, a la insurrección armada y para que los agentes secretos obtuvieran información en España y sobornaran guardias y carceleros con la finalidad de libertar a los cubanos presos en ese país.

    A modo de conclusiones se puede afirmar que el proyecto social de Marta Abreu de Estévez ha dejado una huella imperecedera en la ciudad de Santa Clara y con él contribuyó  a elevar la calidad de vida de sus coterráneos.

    (*) Nota: Arocena, Berta.  Marta de los Ángeles Abreu y Arencibia.  La Habana, 1945, p. 18.

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    (Autores: MSc Judiel Reyes Aguilar y MSc Hedy Aguila Zamora)

    Son los primeros meses de 1896, la guerra ya va para un año. Hacía siete meses que el líder de revolución había caído en los campos de Cuba. Las tropas mambisas necesitaban cada vez más hombres y recursos. Desde New York, Estrada Palma asume el liderazgo del Partido Revolucionario Cubano y se intenta organizar envíos a las fuerzas cubanas. En ese momento una cuantiosa ayuda empieza a llegar desde Paris. El 14 de enero de 1896 se envía la primera remesa de dos mil pesos; el 26 de febrero siguiente una de cuatro mil; el primero de abril otros cuatro mil y quince mil el 2 de mayo, lo que sumaba un total de 25 mil en solo cinco meses. Todos a nombre de Ignacio Agramante.

    Estrada Palma intrigado por quién era el cubano que, hacia tales aportes, acudió a los agentes revolucionarios que radicaban en París solicitándoles que investigaran y le informaran quién era aquel patriota.

    El Dr. Betances, médico puertorriqueño que presidía el Comité Revolucionario en Francia, movilizó sus contactos y en poco tiempo le informó: el autor que tales contribuciones era nada más y nada menos que Marta Abreu de Estévez, conocida ya desde hacía algún  tiempo por sus cuantiosas contribuciones al socorro de los pobres y al progreso de ciudad natal, Santa Clara. Estrada Palma sorprendido con la revelación le escribió la siguiente carta a Marta Abreu el 5 de junio de 1896:

    “Honor es para mí, mezclado con placer intenso, tener la oportunidad de dirigirme a Vos por medio de esta carta cuyos conceptos los inspiran sentimientos de admiración pura y de respetuosa estimación. Los actos de filantropía y las obras de caridad cristiana por Vos realizadas, sin ostentación y sólo a impulso de vuestra alma generosa, hacen de Vos, señora, la mejor apología, porque esas obras se encargan, por sí mismas, de transmitir a la posteridad el nombre bendecido de Marta Abreu.

    Pero no basta a la cubana de noble corazón y de levantado espíritu, acudir con munificencia en socorro de los desvalidos: inspirada en la dignidad patria, y haciendo suyos los agravios que tienen todos los hijos de la Gran Antilla, contra la dominación española, acude también presurosa en apoyo de los que combaten con denuedo en los campos de Cuba, para conquistar la independencia y libertad.

    Débil es mi voz, tibias son mis palabras para expresar lo que todo cubano debe sentir ante la magnificencia de vuestros hechos, ante la grandeza de vuestro patriotismo, cuyas espléndidas manifestaciones son tanto más brillantes imponentes, cuanto mayor es el esfuerzo con que tratáis de reservarlas del dominio público, a virtud de vuestra modestia ejemplar.

    Pero si mi voz, por humilde, no llega a la altura de vuestra grandeza, sabed, sin embargo, señora, que no hay cubano más agradecido que yo a vuestros beneficios, ni que sienta más noble orgullo en tener la honra de ser un compatriota vuestro.(1)

    A partir de ese momento el nombre de la ilustre dama se vincula a la gesta independentista. Numerosas fueron sus contribuciones por la libertad de Cuba. Sin embargo, aunque su obra social es estudiada y difunde, sobre todo en Santa Clara donde tanto aportó, y como homenaje perenne numerosas instituciones llevan su nombre (ejemplo de ello son la Universidad Central de Las Villas, algunas escuelas, fabricas, policlínicos y calles), poco se conoce hoy día los aportes que esta insigne mujer realizó a la causa revolucionaria.

    El presente artículo analiza el papel de Marta Abreu en la Guerra de 1895, desde el contexto familiar y social. Se plantean algunas interrogantes aún por descifrar: ¿Qué motivó a Marta Abreu unirse a la gesta mambisa? ¿Cuánto contribuyó? ¿Qué posturas defendió?

    Hablar de Marta Abreu en Santa Clara es mencionar los colegios San Pedro Nolasco (fundado en 1882) y Santa Rosalía (en 1885), el asilo para familias pobres (en 1893), el Teatro La Caridad (en 1885) y otras obras sociales al socorro de la clase humilde. Pero en esta labor social hay un factor común y es el homenaje a sus padres.

    Justamente estos colegios fueron fundados a partir de fondos dejados en testamento por sus padres para esta causa, 20 000 pesos en el caso de Don Pedro González-Abreu para una escuela de niños y otros 20 000 donados por Doña Rosalía Arencibia para una escuela de niñas. Misión que no solo cumplieron las hermanas Rosa, Marta y Rosalía, sino que además destinaron 30 000 pesos, cada una, para su mantenimiento. En su nombre también fundó el asilo para familias pobres que, como las escuelas, llevarían como título el de los santos cristianos que motivaron los nombres de estos: San Pedro Nolasco y Santa Rosalía.

    Estos elementos ratifican la importancia que tienen para Marta sus padres y como en su obra social su memoria estará presente. Es precisamente este elemento la que la vincula por primera vez a la gesta independentista.

    Pedro Nolasco González Abreu (1812-1876), rico hacendado azucarero, fue alguacil segundo del ayuntamiento y en 1843 pasó a ser Teniente de la Caballería Urbana. Esta milicia voluntaria tenía a su cargo algunos servicios de vigilancia en la ciudad, hasta que 1854 se organizó la cuarta compañía de milicia, ya con un carácter más militar, y Don Pedro recibió el grado de Capitán. En 1856 pasó a ser Alcalde Ordinario de Santa Clara, cargo desde donde se ganó el afecto de los pobladores de la villa.

    A finales de la década de 1860, tras los continuados reveses del independentismo y del abolicionismo y del estruendoso fracaso de las intentonas anexionistas en el occidente; Santa Clara se convirtió en un importante núcleo del llamado tercer movimiento reformista, con amplia participación de la prensa escrita.  Entre sus principales figuras estaban Miguel Jerónimo Gutiérrez y Eduardo Machado Gómez. El primero, hacendado y procurador público, el segundo un joven de vasta cultura, había viajado a los Estados Unidos y Europa, era partidario de la abolición de la esclavitud y aspiraba a un amplio desarrollo económico-social y político para su región y patria.   El principal vocero de las reformas en Santa Clara fue el periódico La Época, fundado por Machado el primero de enero de 1866. Las propuestas de este movimiento se manifestaban en los más disímiles ámbitos, tales como la cultura, la economía o la educación y en particular en contra de la esclavitud y a favor del trabajo libre asalariado, como vía para transformar económica, social y moralmente al país todo.

    Según cuenta Agustín Veitía: “Don Pedro Nolasco G. Abreu no interviene en estas luchas de la política activa. Simpatiza con las reformas y comprende sus conveniencias. Se reserva en público su opinión; sin embargo en su hogar se conoce su modo de pensar.(2)

    A principios de 1867 un Real Decreto liquida la Junta de información que había impulsado el movimiento reformista, resultó un fracaso estruendoso, sobre todo por el establecimiento del impuesto del 10 % sobre la renta líquida, que tanto daño auguraba para las regiones empobrecidas de la mitad oriental de la Isla.  El fracaso de la Junta abrió entonces las puertas a la única solución para los males de Cuba: el independentismo que, en el caso de las regiones villaclareñas, encontraba un campo excelentemente abonado, sobre todo en Santa Clara.(3)

    El alzamiento en La Demajagua el 10 de octubre de 1868, secundada por los camagüeyanos en Las Clavellinas el 4 de noviembre, sedimentó el camino de los villareños que el 6 de febrero de 1869 desde San Gil protagonizan lo que hoy conocemos como el “Grito de San Gil” y el 7 con el resto de los villareños en la finca El Cafetal de José González, cerca de Manicaragua. Varios autores sostienen la teoría de que el alzamiento de San Gil tuvo lugar en la hacienda Dos Hermanas propiedad de Pedro Nolasco González Abreu.(4)

    Es de suponer que las razones que movieron a los miembros de la Junta Revolucionaria a refugiarse en Dos Hermanas(5) para preparar el alzamiento, se debiera a que el ejército español no se le ocurriría pensar que la hacienda de señor tan poderoso y con responsabilidades en la vida política a favor de España, estuviera ocurriendo un alzamiento, pero es que entre los miembros de la Junta se encontraban Francisco y Federico Jova González Abreu, importantes hacendados, cuñado y sobrino, respectivamente y algunos también aseguran que hubo hermanos   de Don Pedro Nolasco, implicados. De manera tal que, para febrero de 1869, la familia González Abreu se encontraba comprometida con los alzamientos villareños y la causa independentista.

    Sobre estos sucesos Veitía expone: “Don Pedro Nolasco está enterado de todo, dos de sus hermanos participan en la conspiración. No interviene personalmente, pero presta ayuda económica cuando se le demanda. Está viejo para estos lances.” (6)

    Quizás la actitud del patriarca de la familia González Abreu es conservadora, apoyaba, pero trataba de no implicarse directamente, aún cuando su cuñado y su sobrino se han alzado. Sin embargo, para Marta de 23 años, estos acontecimientos marcarían su vida. Según Veitía en ocasiones la joven expresaba: “¡Es necesario la libertad de decir y hacer! ¡El progreso tiene que impulsarse! (…)¡La injusticia ha hecho muchos pobres que necesitan ayuda!(7)

    La cercanía de los acontecimientos y el compromiso que adquiere con ambos bandos, hicieron que Don Pedro buscara refugio para su familia en la capital. Para ello adquirió, primero una residencia en Prado, esquina Trocadero y luego una finca en Palatino.

    En la capital, Marta conoce a Luís Estévez Romero (1849-1909), un prominente joven abogado proveniente de clase humilde. Su romance y posterior matrimonio acercarían a Marta a nuevas posturas filosóficas.

    Luís Estévez ingresó a estudiar en la Universidad de La Habana en el curso 1868-1869, en medio de la compleja situación que enfrentaron los estudiantes en aquellos años de Guerra, se licenció en Derecho Civil y Canónico el 29 de junio de 1973. Un mes después abrió un pequeño bufete en la calle Obispo y trabajó paralelamente en el estudio de Don Santiago Palau. Al fallecer Palau un año después, Luis asume su clientela y consolidó su reputación de abogado. En 1879 obtuvo el título de Doctor en Derecho Civil y Canónico y en 1882 de Licenciado en Derecho Administrativo. En marzo 1881 empezó a dirigir la biblioteca de la Universidad. Toda esta labor intelectual contribuyó a que Luis se acercara a las corrientes del “Evolucionismo Social”. Estudió las ideas de Charles Darwin, Herbert Spencer y Lewis Henry Morgan relacionadas con los cambios que se dan una sociedad a través de la historia, haciéndose cada vez más compleja. Estos criterios se basan en teorías antropológicas de desarrollo social que se acreditan a sociedades con términos de estado primitivo que gradualmente se tornan más civilizadas con el pasar del tiempo.

    Reimundo Cabrera (8), en su novela autobiográfica “Idealismo”, pondría en palabras de su amigo Luis Estévez que los que necesitaba la Isla es ¡La Evolución! “Acabas de ver esta muchedumbre agradecida que me aclama. ¿Te Conmovía? Pues hace diez años esa aclamación era imposible, ilícitas, actos de rebelión: ya son legítimos al aire libre; pregunta a cada uno de esos negros liberados si no se sienten felices. La ley del patronato, que fue una transacción hipócrita, cayó muerta, la abolición de la esclavitud que fue un principio de la revolución y ahora es una conquista de la evolución pacífica. Hay que evitar más derramamiento de sangre, (…) ganar nuestra batalla en el tiempo y no en un solo día: lo mismo que se han roto las cadenas de la esclavitud, romperemos la de la opresión de nuestro pueblo ¡Cuba será Libre! (9)

    Para el Luis de 33 años las transformaciones en Cuba debían realizarse de forma pacífica. Su libertad era una cuestión de tiempo, ya que estaban establecidas todas las condiciones sociales para la misma.

    No sabemos que tanto compartía Marta las posturas de su esposo. Quizás estas perspectivas son tenidas en cuenta para las constantes contribuciones que hace  la familia Estévez-Abreu, teniendo como finalidad preparar a la sociedad y contribuir a impulsar esos cambios. Desde estas perspectivas vemos como:

    • Unas de sus primeras metas, era la instrucción de los pobladores, para ello promovió  la construcción y sostenimiento de escuelas. Pero no se conformaba solo con eso, acercar la cultura al pueblo, también será un medio para este fin, quizás por ello su proyecto más estimado fuera el Teatro La Caridad. Pero a Marta Abreu se debe además el establecimiento del Obelisco a la memoria de los padres Conyedo y Hurtado de Mendoza, quizás el primer monumento construido en la ciudad, y la alta contribución financiera para que se llevara a cabo la Feria Expositiva en conmemoración del 200 aniversario de la fundación de Santa Clara.
    • Desarrolló además estrategias para reducir la pobreza; primero desde obras sociales como el asilo para familias pobres; luego en el establecimiento de fuentes de recursos que pudieran revertirse en la labor social, para ello fue la construcción del teatro La Caridad como medio para recaudar fondos para obras sociales; finalmente creando fuentes de empleo, ejemplo de ello fue la entrega de 20 máquinas de coser y otros proyectos que no logró materializar como los de montar talleres de ferrocarriles en la ciudad y una escuela de artes y oficios.
    • Impulsó también la industria, la ciencia y el comercio, ejemplo de ellos fueron las donaciones para el mantenimiento del primer Observatorio Astronómico-Meteorológico de Santa Clara, la construcción de la Planta Eléctrica y la contracción de un local de viajeros en la estación de ferrocarriles.  

    Todos estos ejemplos muestran cómo los intereses de Marta Abreu en Santa Clara tenían un fin más allá del caritativo. ¿Quizás está preparando a su pueblo para los cambios sociales que debían vivir en un futuro cercano? La respuesta a esta interrogante no la tenemos, lo que sí es evidente que las transformaciones que propició en Santa Clara, fueron decisivas para el posterior desarrollo de la ciudad.

    A principio de 1894, Marta Abreu escribió al Ayuntamiento de Santa Clara solicitando autorización para el establecimiento de una Planta Eléctrica, que propiciara un adecuado servicio de alumbrado público, ya que era insuficiente el de gas que daba servicio desde 1858. Con la aprobación del gobierno local, se iniciaron los trabajos en la construcción de la Planta, para lo que se contrató a la casa Gramme de París.

    Desde el exilio, otro proyecto se gestaba. José Martí había sido capaz de aunar todos los criterios y la guerra era inevitable. Por orden de Marta los trabajos para la construcción de la planta son acelerados. Mientras los pobladores y autoridades municipales preparaban un homenaje digno de la Benefactora. Para los festejos vendrían grandiosas cabalgatas desde Santi Spíritu y Trinidad. Temeroso de lo que pudiera significar una demostración de tal simpatía hacia una cubana que acababa de oponerse a la solicitud que el Ayuntamiento hiciera a Madrid para que le concedieran el título de “Condesa de Villaclara”, se ordenó suspender los festejos. Sin embargo, ante la presión local, el Gobierno General terminó aceptando, con la medida de que se suspendieran las cabalgatas planificadas.

    Las fiestas iniciaron el 28 de febrero y concluyeron el 3 de marzo de 1895. Las casas se adornaron con banderas, se construyeron arcos de triunfo en diversas calles, en el parque se instalaron 16 escudos que en nombre de diferentes poblados de la provincia y en el centro de la plaza una torre que replicaba a la Eiffel de París. Las fiestas incluían grandes galas en el Teatro, procesiones cívicas en varias calles, inauguraciones de varias obras, además de la Planta se inauguraba la Estación de Ferrocarriles y el Dispensario El Amparo, actos solemnes del Ayuntamiento y la publicación de un folleto especial de homenaje a la excelsa dama.

    Justo cuatro días antes del inicio de estos festejos, con el alzamiento del 24 de febrero se inició la Guerra en Cuba. Varios autores afirman que España interpretó las celebraciones en Santa Clara como una forma de apoyar el levantamiento. En la bibliografía no queda claro si esto originó o no que la familia fuera perseguida por las autoridades de la Isla, pero lo cierto es que 16 de junio partieron rumbo a Francia.

    En el exilio, el pacifista que había sido Don Luis sufre un cambio. Comprendió que no existirá paz sin Independencia, y encaminó todos sus esfuerzos por la Revolución. Empezó a escribir en el periódico La República Cubana en donde informaba al pueblo francés de lo que sucedía en Cuba, exponiendo los hechos y sumando simpatías a la causa. La tenaz campaña que realizaba en la prensa francesa va destinada a evitar el empréstito que España pretendía de la Banca Francesa para el sostenimiento de los gastos de la guerra en Cuba.  Escribiría además para otros periódicos como Patria y Cuba y América. Parte de su producción política aparece recogida en su libro Tiempos pasados. Sobre esta labor Reimundo Cabrera escribió:

    Reimundo Cabrera escribió:

    La labor de Estévez es muy fecunda. No descansa desde que salió de Cuba: labora activamente y por donde quiera deja huella de su talento, de su saber; dominaba los asuntos políticos con maestría y con calma –eso sí- nunca perdía la ecuanimidad. Era un polemista terrible: cuando discutía de seguro ganaba.”(10)

    Por su parte, la amistad que tiene la familia con los republicanos españoles Nicolás Salmerón (11) y Rafael María Labra (12), sirvieron como conducto para que el dinero de Marta llegara en socorro de los cubanos confinados en Ceuta, Chafarinas, Fernando Poo y otras prisiones de la Península. Ayudó a los prisioneros, deportados, atendiendo a los gastos de la Representación Cubana en París, pagando pasajes y estancias a los que escapaban de las prisiones españolas. Testimonio de esta labor es la carta que escribió Leandro González Alcorta (13), el 8 de junio de 1923, a Manuel García Garófalo donde expone:

    “(…) le aseguro que en los presidios de África y las prisiones de España, y entre las familias de los deportados presos y los emigrados, se enjugaron muchas lágrimas y se salvaron muchas necesidades con los recursos de Marta Abreu de Estévez, amén de socorrer a fugados de dichas prisiones, que pasábamos por París, para engrosar las expediciones a New York o buscar donde ayudar de otro modo (…)

    (…) Preso yo en la Cárcel Modelo de Madrid nueve meses desde Agosto de 1896, al publicar en el número 18 del semanario “La Paz”, procesándoseme como complicado en las conspiraciones de Cuba y Filipinas, que funcionaban en la Corte; y conseguida la libertad bajo fianza, me fugué para Francia al día siguiente: habiendo mandado antes para León, con mis padres, a mi señora e hijos.

    Al caer preso se nos había agotado los recursos de honorarios (…) Los parientes ricos de mi esposa, en la Península, aunque tenía restos de herencia que entregarla y de los míos, rehuían en aquellos días medievales, socorrer con liberalidad a los mambises (…) Hubo escuela en Madrid, que al caer yo preso, no querían admitir a mis hijos (…) En esa situación, mi señora tuvo que acudir a Marta Abreu y la envió a León algunos recursos. Y cuando se decidió unirse conmigo a Méjico (…), le mandó los gastos de viaje de León y Coruña a Veracruz (…) (14)

    Otro testimonio de las gestiones de Marta, lo cuenta Arturo Primelles en carta a Garófalo Mesa el 12 de julio de 1923:

    Marta Abreu y su esposo Luis Estévez mandaron varias veces dinero a Ceuta, por conducto del Dr. Betances, para auxiliar a los deportados pobres. Este dinero era repartido por el Comité formado por Juan Gualberto Gómez, Elpidio Marín, Mariano Agüero y yo, y la mayor parte se gastaba en emulsión de hígado de bacalao, por estar muchos enfermos del pecho.

    En Julio de 1897 fui puesto en libertad con 46 compañeros, y nos dejaron en Algeciras, frente a Gibraltar, estando sin recursos de ninguna clase la mayoría de ellos, y yo, que tenía algunos, decidí ir a París para explicar a la Delegación Cubana la difícil situación en que se encontraban los cubanos. Marta Abreu supo y me mandó a buscar, dándome, si mal no recuerdo, dos mil pesetas, que con otros regalos de su hermana Rosalía, de Susana Benítez de Cárdenas y de Josefina Embil, sirvieron para que nos embarcáramos en Gibraltar 15 deportados, que en un vapor alemán nos dirigimos en tercera a New York, gracias a la generosidad de esas cubana.”(15)

    Además de la ayuda a los deportados, Marta soborna a funcionarios para obtener informaciones de movimiento de tropas, formación de contingentes expedicionarios, sustitución de jefes o disposiciones de carácter político, que informaba a la delegación cubana antes de haber salido de los Ministerios del Gobierno Español.

    Sobre su accionar cuenta Agustín Vertía: “(…) ayudó a los prisioneros y deportados, atendió a los gastos de la Representación Cubana en París, pagaba pasajes y estancias a los escapados de las prisiones españolas y a cuantos quisieran luchar por la causa de Cuba por las armas. Compró por su cuenta instrumental quirúrgico y medicinas para remitir al campo de la revolución (…) (16)

    Atendiendo a las constantes contribuciones que hace al proceso revolucionario, Tomás Estrada Palma le escribe el 14 de agosto de 1896:

    Veo con el alma llena de intensa gratitud, á nombre del pueblo cubano, que Vd. Está siempre á la altura de las necesidades de la patria. La comunidad de acción en estos momentos supremos es el triunfo breve de las armas libertadoras. ¡Ojalá pudieran inspirarse en su patrióticos y nobles sentimientos los cubanos que están en condiciones de imitar de un modo positivo la espléndida generosidad de Vd! Desgraciadamente si son muchos los que pueden, poco son los que tienen el alma grande para ponerse al nivel de las circunstancias (…)(17)

    En agradecimiento a tales palabras de elogios, Marta le escribe el 20 de septiembre de 1896: “(…) le agradezco con toda mi alma, aun cuando más se la hubiera agradecido si no fuera, como es, demasiado carta para mí, simple cubano que ojalá pudiera hacer aún más por la causa de su patria.” (18)

    En diciembre de 1896 una noticia conmueve el mundo, ha caído en combate el general Antonio Maceo. De su muerte Máximo Gómez escribiría a su viuda María Cabrales: “Con la desaparición de ese hombre extraordinario, pierde usted el dulce compañero de su vida, pierdo yo al más ilustre y al más bravo de mis amigos y pierde en fin el Ejército Libertador a la figura más excelsa de la revolución”.

    Marta conoce la noticia a través de la prensa francesa y rápidamente escribe a Estrada Palma, primero un telegrama fechado el 15 de diciembre: “Cubanos resuelto honrara digna y eficazmente memoria de Maceo”; luego un segundo el día 19: “Diga si es cierta desoladora noticia. Cuente diez mil pesos. Adelante”; finalmente una carta el día 20:

    Distinguidísimo compatriota: por conducto del Dr. Betances tuve respuesta al telegrama que le dirigí preguntándole si era cierta la muerte de nuestro heroico Maceo.

    Desgraciadamente no fue exacto el informe que le trasmitieron á Vd. Desde Cayo Hueso, y lo cierto es que hemos perdido una de las primeras figuras de nuestra Revolución, cuando más falta nos hacía.

    Pero no es de almas bien templadas desfallecer ante un golpe adverso de la fortuna, sino antes bien, cobrar mayores bríos para llevar adelante, sin flaquezas, la magna empresa acometida. Es por esto que le dirigí mi telegrama, diciéndole: Adelante, y poniendo a su disposición $10,000.

    Estamos en los momentos en que más á prueba debe ponerse el patriotismo de los cubanos, sobre todo para que los que derraman su sangre en los campos de la patria, sepan que hay quien los ayuda y puedan con entusiasmo cada vez más creciente seguir combatiendo al bárbaro español.

    Aquí, en esta capital, se está iniciando una suscripción que sus promovedores desean elevar á la cifra más alta posible, y en ella figuro con $30,000. Hoy pasó de cien mil pesos lo colectado, y ¡qué recurso tan grandes podrá tener nuestros hermanos si nada rehúyen el cumplimiento de su deber!(19)

    A finales de 1896 otros sucesos estremecían la Isla. El 21 de octubre, Valeriano Weyler, Capitán general, dictó el bando que ponía en vigor la Reconcentración de la población campesina en determinadas ciudades. Esta política represiva, tenía como objetivo impedir que la población campesina cooperara con el Ejército Libertador.

    Una de las ciudades más golpeadas por estas medidas fue la Santa Clara de Marta Abreu. Producto del hacinamiento de la población miles de personas murieron por falta de alimentos y enfermedades. Según los resultados del censo de 1877 el término municipal tenía 32 491 habitantes, mientras que en el de 1899 la población descendió a 28 437. (20)

    Para contrarrestar el golpe del hambre, en Santa Clara el padre Alberto Chao organizó las cocinas económicas, inauguradas el 8 de septiembre de 1897. Diariamente se repartían 1800 raciones de comida hasta su extinción el 30 de abril de 1898. Rosa Beatriz Arencibia, hermana de Marta, fue una de las que más aporto para el sostenimiento de esta iniciativa. En recordación de este gesto, el General José Jesús Monteagudo le escribió al alcalde de Santa Clara, el 10 de enero de 1899, solicitando se colocara una lápida en los muros del ya desaparecido Convento de los Padres Pasionistas. En su misiva, Monteagudo expresa:

    Es un deber de los villaclareños todos perpetuar en lápida aquel hecho misericordioso de las Cocinas Económicas que funcionó en nuestro pueblo durante los meses terribles de la reconcentración, salvando a millares de seres de parecer de hambre. Y debemos todos consignar el agradecimiento y la admiración a Doña Rosa Abreu de Grancher, una de las hermanas de la gran Marta Abreu. De ese modo las generaciones futuras podrán tributar la admiración y la gratitud a tan preclara compatriota nuestra”. (21)

    Por su parte, en las cartas de Estrada Palma a Marta, le cuenta los constates esfuerzo que se hace desde New York para que el gobierno norteamericano reconozca la guerra cubana. Sobre este tema, el 22 de octubre de 1897, le escribe:

    Los trabajos que venimos haciendo en la esfera política desde que ocupa la silla presidencial Mr. Mc. Keinley, han ido colocándonos poco á poco en posición ventajosa respecto de las relaciones entre el Gobierno americano y el de España. El desenvolvimiento de esta política va trayendo su curso á extremo tal, que no será posible pasar adelante sin ruptura de ambos Gobiernos, ó la definitiva solución de la guerra de Cuba, de conformidad con el fin de la revolución: la absoluta independencia de la Isla.(22)

    Unos meses después, con la excusa de asegurar los intereses de los residentes estadounidenses en la isla, el gobierno estadounidense envió a La Habana el acorazado Maine. El viaje era más bien una maniobra intimidatoria y de provocación hacia España. El 25 de enero de 1898, el Maine entró en La Habana sin haber avisado previamente de su llegada, lo que era contrario a las prácticas diplomáticas tanto de la época como actuales. En correspondencia a este hecho, el gobierno español envió al crucero Vizcaya al puerto de Nueva York. A pesar de lo inoportuno de la visita, la población habanera permanecía tranquila y expectante y parecía que el capitán general, Ramón Blanco, controlaba perfectamente la situación. Sin embargo, a las 21:40 del 15 de febrero de 1898, una explosión iluminó el puerto de La Habana: el Maine había saltado por los aires. De los 355 tripulantes, murieron 254 marineros y dos oficiales.

    EE.UU. acusó a España del hundimiento y declaró un ultimátum en el que se le exigía la retirada de Cuba, además de empezar a movilizar voluntarios antes de recibir respuesta. Por su parte, el gobierno español rechazó cualquier vinculación con el hundimiento del Maine y se negó a plegarse al ultimátum estadounidense, declarándole la guerra en caso de invasión de sus territorios, aunque, sin ningún aviso, Cuba ya estaba bloqueada por la flota estadounidense.

    Sobre estos acontecimientos, creyendo en las buenas intenciones del gobierno norteamericano, el 6 de mayo, Marta Abreu le escribe a Estrada Palma:

    Mi distinguido y estimado compatriota: en días de júbilo, como los que estamos atravesando, me es muy grato tener que dirigirme á V. para expresarle que estos corazones desbórdense de gozo y satisfacción ante el suceso más o menos inmediato, pero siempre cierto, de ver á nuestra Cuba libre é independiente, viniendo á precipitar tanta dicha la justa intervención de ese pueblo, que no era posible permaneciera más tiempo sin actuar, ante los horrores del bárbaro español que ha desplegado en nuestra tierra el furor más inhumano que registra la Historia. A fuego y sangre entraron en América y á sangre y fuego saldrán de ella (23).

    Ante lo inevitable que parece el triunfo, la familia Estévez-Abreu organizó su regreso, el 18 de junio arribaron a New York, trasladándose inmediatamente a Philadelpia y tratando de pasar inadvertidos ante la prensa y la comunidad de cubanos en EE.UU.

    En Cuba, después de luchar juntos en San Juan y en el Caney, el General Shaffter no permitió la entrada en Santiago de Cuba a las tropas cubanas comandadas por el General Calixto García.  La prensa norteamericana justifica esta decisión como una medida para impedir que las fuerzas cubanas saquearan la ciudad y “entraran a degüello a hombres, mujeres y niños”.

    Respecto a este posicionamiento de la prensa Yanqui, Don Luis escribiría a José A. González Lanuza (24), antiguo discípulo suyo en la universidad:

    Yo soy muy caviloso y Vd. No puede hacerse un idea de lo que me hace cavilar los recortes que aquí le envió y que probablemente Vd. conocerá ya ¡Qué horrible es esto que nos pasa a los cubanos siempre calumniados! (…)

    Le aseguro que mi espíritu sufre extraordinariamente al ver lo que puede venir detrás de todo esto.(25)

    El 3 de septiembre; Luis Estévez también le escribe a Estrada Palma sobre el tema:

    Pasando ahora a la cuestión palpitante de nuestro destino, ¿Sigue Vd. bien impresionado? ¿No habrá nada que temer, algo que parezca a traición?”(26)

    Estas acciones hacen cuestionarse sobre las verdaderas intenciones de los norteamericanos hacia la Isla. No pudiendo permanecer inactivo, escribe su ponencia “A, anexionismo y Autonomismo que aparece publicado en Patria el 14 de diciembre de 1898. Dos días antes se firma el Tratado de París, sin la participación de los cubanos, dando fin a la guerra hispano-estadounidense e iniciando la ocupación de la potencia americana en la Isla.

    Una de las interrogantes que más se ha planteado en los estudios biográficos sobre Marta Abreu es el saldo total de sus contribuciones financieras a la cusa libertaria.  Manuel García Garófalo Mesa en su biografía de Marta Abreu (27) refiere un saldo de 185 000.00 pesos oro, suma que según declara son calculadas a partir del registro de la Tesorería de la Junta Revolucionaria, existentes en el Archivo Nacional. Sin embargo, Florentino Martínez 28) rectifica esta estimación, exponiendo que en las notas de García Garófalo se omite un envió realizado el 1ro de abril de 1896 y que además aparece repetida una partida de $10 000.00. Por lo que el valor total referido es de $125 000.00.

    No obstante, el propio Florentino expresa que existen otras fuentes que refieren cifras diferentes. La revista “El Fígaro” en su informe titulado “Los Mayores Donantes”, de febrero de 1899 dice: “(…) que siguió remitiéndolos – los recursos–, a Estrada Palma, hasta completar la suma de $ 121 000.00, aparte de otros donativos, en los que debemos incluir uno de $ 1 000.00 al Comité de Puerto Rico, y que ascienden en total a unos $20 000.00; es decir, que con ciento cincuenta mil pesos aproximadamente, con esa fortuna, ha contribuido Marta Abreu a la causa de la República.”(29)

    Aún cuando se han realizado todas estas valoraciones, no se ha podido determinar un monto total de dichos aportes. Dado a su alto grado de modestia, Doña Marta hacia muchas contribuciones sin pedir que se le incluyera en los registros; compraba bonos a nombre de otros que en su condición no lo podían hacer; apoyaba financieramente a muchos combatientes exiliados y sus familiares; organizaba expediciones, compraba armas y medicamentos; ayudaba a los prisioneros, entro otras aportaciones que no quedaron registradas. No obstante, es reconocida como la patriota cubana que más dinero brindó a la Revolución de 1895. En el marco familiar no sería la única en donar, se estima que su hermana Rosalía también apartó unos $20 000.00 y su hijo Pedro Estévez unos $5 000.00.

    Dicen que una vez le cuestionaron que estaba gastando mucho dinero y ella exclamó: “Dejadme. Mi última peseta es para la Revolución, y si hace falta más y se me acaba mi dinero, venderé mis propiedades, y si se acaba también, mis prendas irán a la casa de venta, y si eso todo fuera poco, nos iremos nosotros a pedir limosna por ello y viviéremos felices, porque lo haríamos por la libertad de Cuba. (30)

    El grado de desprendimiento de Marta Abreu a favor de la causa independentista es tal que pone sus Centrales, fuente de su riqueza económica, en servicio de las fuerzas mambisas. En su libro Tiempos pasados, Luis Estévez escribió:

    corriendo con mi esposa a aumentar largamente el tesoro revolucionario, y convirtiendo en factoría insurrecta su ingenio San Francisco”.(31)Según Veitía, el ingenio, “por orden de Marta no había molido durante la guerra y las cañas eran quemadas sistemáticamente, siguiendo el plan del general del Gobierno de la Revolución”.(32) Las autoridades españolas notaron las actividades conspirativas que desde el Central de Cruces se realizaban y en 1897 ordenaron la captura de Pablo Rodríguez, administrador del ingenio, y de su hermano Eduardo.  Sin embargo, ya el fin del colonialismo estaba muy próximo.

    Por su parte, Fermín Valdés Domínguez, en 1909 al enterarse de la muerte de Marta Abreu, expresó:

    Y los que luchamos por su libertad, y sólo vimos la honra en la guerra que nos dio la Independencia, no podemos olvidar a aquella cubana generosa cuya fe en su pueblo la demostró siempre auxiliando a la Delegación del Partido Revolucionario Cubano con grandes sumas que llegaban siempre en los momentos difíciles como salvadora providencia. Y en los combates su nombre nos alentaba porque su patriotismo sabía emplear sus riquezas auxiliando las expediciones que nos traían pertrechos de guerra; y, cuando se escriba la historia de aquella campaña heroica, el nombre de Marta Abreu quedará en ella al lado de los nombres de los que nos enseñaban a morir.

    Modesta y digna ocultaba entonces su nombre bajo el pseudónimo de “Ignacio Agramonte”, y ella—como aquel genio-—será para los cubanos símbolo de honor (34)

    Sirva este escrito para rememorar a la mujer que no solo fue grande por sus contribuciones al desarrollo social y cultural de Santa Clara y en el socorro a los más desvalidos; sino que aportó sus recursos y talento al servicio de la Patria toda.

    Notas, citas y referencia bibliográficas:

    (1) García Garófalo Mesa, Manuel (1925). Marta Abreu Arencibia y el Dr. Luis Estévez y Romero, estudios biográficos.  Imprenta La Moderna Poesía, p158. 

    (2) Veitía Ferrer, Agustín (1947). Marta Abreu, una mujer excelsa. Editorial Lex, La Habana. p 36.

    (3) Colectivo de autores (2010). Síntesis Histórica de Villa Clara. Editorial Histórica,  La Habana.

    (4) Manuel García Garófalo Morales, en su ensayo “Febrero 7 de 1869 Levantamiento de Las Villas”, publicado en el periódico La Publicidad el 8 de febrero 1923, expresa: “Otro nutrido contingente se dirigió al potrero Dos Hermanas, situado en el barrio San Gil, y reunidos en esa finca, en las inmediaciones de la talanquera, los miembros de la Junta Revolucionaria, deliberaron breves momentos, prefiriendo ese lugar, a las casa de viviendas, porque la sesión era secreta”. Por su parte el testimonio dado por Doctor José A. Asencio  Masvidal, el cual quedó registrado en los VII Anales de la Academia de Historia de Cuba p. 80, afirma que: “(…) concurrí el citado día del siete de febrero de mil ochocientos sesenta y nueve a la finca o potrero conocido por Dos Hermanas, en el barrio de San Gil, término municipal de Santa Clara, donde estaban reunidos numeroso grupos de patriotas y lo miembros de la mencionada Junta Revolucionaria de Villaclara.”Pánfilo D Camacho en el libro “Eduardo Machado. El legislador trashumante” (La Habana 1943, p.72) también refiere que “(…) para la reunión de los esclavistas para el tema abolición los ubica en el mismo potrero de Dos Hermanas en San Gil”.   

    (5) Dos Hermanas debió su nombre a Marta Abreu y su hermana Rosa, las dos primeras hijas de Don Pedro Nolasco González Abreu que cuando adquirió la hacienda tenía dos hijas solamente y la nombró así en honor a ellas, en dicha hacienda  existió  un ingenio de igual nombre que fue quemado por la “tea incendiaria” de la insurrección cubana en 1875 junto con dos ingenios más de la zona.

    (6)  Veitía Ferrer, Agustín. Ob. cit. p 38.

    (7)   Ibídem. p 36

    (8) Raimundo Cabrera Bosch (1852-1923): ensayista, periodista, abogado y patriota. Participó en trabajos revolucionarios durante la Guerra de los Diez Años. A los 17 años trató de fugarse de la isla para unirse a las juntas revolucionarias de los emigrados cubanos en Estados Unidos pero fue detenido por las autoridades españolas antes de abandonar Cuba y confinado a la Isla de Pinos. Al salir de la cárcel, fue deportado a España donde se graduó de abogado en 1873. Después del Pacto del Zanjón en 1878, cambió de sentir político y se unió al partido de los autonomistas. Al estallar la Guerra de 1895, Cabrera nuevamente colabora con la causa independentista. Se exilió primero en Europa, después en los Estados Unidos en la ciudad de Nueva York donde publicó el periódico “Cuba y América”. Regresó a La Habana al terminar la Guerra donde realizó una vasta producción literaria consistente en cuentos, poesías y relatos autobiográficos.

    (9) García Garófalo Mesa, Manuel ob.cit p 291.

    (10) Ibídem p 302

    (11) Nicolás Salmerón (1838-1908): político, abogado y filósofo español, presidente del Poder Ejecutivo de la Primera República durante mes y medio en 1873. Fue catedrático de Historia Universal en la Universidad de Oviedo y de Metafísica en la Universidad de Madrid.

    (12) Rafael María de Labra Cadrana (1840-1918): ideólogo y político español, liberal y republicano, activo antiesclavista y escritor prolífico. Fue gran activista de la Sociedad Abolicionista Española fundada en 1865, siendo presidente del Comité Ejecutivo desde 1868 a 1876 en que ocupó la Presidencia de la Sociedad, que se disolvió en 1888, una vez erradicada la esclavitud.

    (13) Leandro González Alcorta (1861-1923): es considerado un pionero de la Pedagogía cubana de inicios del siglo XX en la provincia de Pinar del Río. Español de nacimiento, en 1882 es enviado a Cuba para cumplir el servicio militar, la vida en el cuartel no le impidió proseguir los estudios que se habían quedado interrumpidos e ingresa en la Universidad de La Habana donde se graduó en 1883 de Licenciado en Filosofía y Letras. Ese año empezó trabajar como catedrático en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río donde brillaría su labor como pedagogo. No pudo ser indiferente a la situación política y poco a poco fue convirtiéndose en defensor de los ideales cubanos. Por estas ideas fue perseguido y en 1896, separado de su cargo de catedrático. Marchó a España y emprendió una campaña a favor de Cuba. Por esta razón fue condenado a prisión en agosto de 1896, bajo libertad condicional viajó al sur de Francia, New York y de allí a México donde se reunió con su familia.

    (14) García Garófalo Mesa, Manuel. ob.cit., p. 136.

    (15) Ibídem, p.134.

    (16) Veitía Ferrer, Agustín. ob. Cit. p. 121.

    (17) García Garófalo Mesa, Manuel. Ob. Cit. p 162

    (18) Ibídem, p 162.

    (19) Ibídem, p.172.

    (20) Colectivo de autores. ob. cit.

    (21) García Garófalo Mesa, Manuel. ob. cit. p. 14.

    (22) Ibídem, p 182.

    (23) Ibídem, p 187.

    (24) José Antonio González Lanuza (1865-1917): Licenciado en Derecho Civil y Catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Conspiró en la Revolución de 1895, por lo que sufrió prisión en La Habana y Ceuta. Indultado dos años después marchó a Nueva York donde continuó con su labor independentista. Regresó a la patria en 1898. Resultó delegado a la Asamblea de Santa Cruz del Sur y comisionado con Calixto García para tratar con el gobierno de Estados Unidos el licenciamiento del Ejército Libertador. Fue nombrado Secretario de Instrucción Pública y Justicia del gobierno interventor norteamericano. Se propuso reorganizar la enseñanza superior con planes de estudio en las diversas carreras. Fue Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad, a partir de 1907, miembro de la Academia de Historia y Representante y dirigente a la Cámara.

    (25) Veitía Ferrer, Agustín. ob. cit., p.128.

     (26) Ibídem, p 129.

     (27)  García Garófalo Mesa, Manuel. ob. cit.

    (28) Martínez Rodríguez, Florentino (1951). Marta Abreu y Arencibia. Biografía de una mujer excepcional. Editorial Lex, La Habana, p 169.

     (29) Ibídem, p.170.

    (30) García Garófalo Mesa, Manuel. ob.cit., p. 130.

     (31) Martínez Rodríguez, Florentino. ob.cit., p. 151.

     (32) Veitía Ferrer, Agustín ob. cit., p. 73.

    (33) Martínez Rodríguez, Florentino ob. Cit., p. 174.

    (34) García Garofalo Mesa, Manuel. ob. cit. pp. 218-219.

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    Antonio Díaz de Pavia nació en la villa de San Juan de los Remedios en 1612, pertenecía a la generación criolla, natural de ese territorio, hijo de padres de origen portugués Pedro Díaz y Beatriz de Pavia, nieto de el capitán Domingo de Pavia, que falleció en 1632, fundador de Remedios y dueño de varias haciendas: la Bermuda, San Juan de las Playas, Jumaguas y otras, por tanto Antonio Díaz, conocido por Antón,  procedía de una familia de poder económico en la villa remediana y ocupó en el gobierno, el cargo de regidor anual o electivo que desempeñó entre los años de 1646 y 1670 y el de alcalde ordinario en 1654. Perteneció también a sus milicias, donde sirvió los destinos de alférez y capitán. Solicitó una merced de tierra al Cabildo de Sancti Spíritus el 20 de Noviembre de 1635. Designó como punto de su situación una “sabana áspera”, a la que por decisión del Obispo se le nombró Gloriosa Santa Clara, pero en el lenguaje popular fue conocida como Ciego de Santa Clara, situada en el camino a la Habana, es decir al oeste y colindando con la hacienda Malezas de Amaro Gómez, hacia el lado este, tomando como punto de referencia lo que hoy es el centro urbano de Santa Clara o Parque Vidal, se extendió hacia el sur (recordar que la división agraria en aquel momento era circular, tanto para los hatos como para los corrales) 

    Después de realizar los trámites propios del asunto de mercedación del terreno con los colindantes para lo que se nombró al regidor Francisco López de Oviedo, como no hubo oposiciones le fue concedida la merced de la hacienda el 29 de julio de 1936, para hacer oficial este acto concurrieron los alcaldes y Francisco Oliver y Gonzalo de Balboa, los regidores capitán Diego Gallego del Cuadro, Francisco López de Oviedo y Cosme, el procurador general Pedro Hernández de Morera y el escribano Nicolás Gómez Buitron. Antonio Díaz pagó cuatro ducados para propios como era costumbre de aquel siglo XVII. En estas tierras se encontraba Gregoria Pérez, casada con Luis de León. Ellos acogieron a los fundadores, después de fundada la villa Gloriosa Santa Clara en la hacienda de ese nombre, todo indica que falleció Luis de León pues la primera merced de terreno del Cabildo en octubre de 1690, fue entregar a Gregoria Pérez, viuda de León la propiedad de las  tierras realengas (*) que circunvalaban la hacienda.  

    Antonio Díaz se casó con la remediana Graciana Tamayo con la que formó una familia con dos hijos, Diego y Juan Díaz Reinoso (*), los que participaron en 1689 en lo que iba a ser un traslado de la villa de San Juan de los Remedios hacia el centro de la isla para la hacienda de Antonio Díaz de la cual eran herederos directos. El Capitán General y el Obispo autorizaron esta acción y así el 15 de julio de 1689 se fundó una nueva villa que mantendría el mismo nombre original de Gloriosa Santa Clara porque la idea de traslado se frustró ante la negativa de mudarse de algunas de las familias remedianas.

    El fallecimiento de Antonio Díaz había ocurrido antes de la fundación de la nueva villa, aunque no está precisada la fecha.

    Notas:

    (*) Tierras realengas, eran las áreas sin dueño que quedaban fuera de los círculos que formaban los hatos y corrales al ser mercedados a quienes lo solicitaban y pagaban por ello. Como no eran propiedad privada se le adjudicaban al rey de España, que en definitiva era la máxima autoridad  en las colonias españolas,  de ahí el nombre de realengas. No obstantes los gobiernos locales disponían de ellas aunque no fuera lo más legal.

    (*) Entre las familias remedianas que dieron origen a la nueva villa de Santa Clara, se detectan imprecisiones en los apellidos, no siempre se seguía la tradición de tener el apellido del padre en primer lugar y el de la madre en segundo. Se cambiaban los apellidos por lo que se dificulta analizar los parentescos.

    (Autora: M Sc Hedy Águila Zamora, profesora e Historiadora de la Ciudad.)

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    Pedro Nolasco González Abreu Jiménez (1812-1876)

    Pedro Nolasco

    Don Pedro Nolasco nació el 31 de enero de 1812, hijo de Manuel González Abreu, Conde de los Remedios, que llegó procedente de Islas Canarias a principios del siglo XIX y de la joven santaclareña Rosa Jiménez. Fue uno de los 12 hijos varones de este matrimonio, más cinco hembras, 16 hermanos en total tuvo Don Pedro Nolasco, todos fueron partícipes de la extensión del patrimonio labrado por Don Manuel González Abreu, Pedro Nolasco está entre los hijos de la familia que mayor fortuna hizo durante el siglo XIX. Se casó el 24 de abril de 1843 en la Parroquial Mayor de Santa Clara con Doña  Rosalía Justiniana Arencibia Plana, nacida en Santa Clara el 5 de septiembre de 1826. Al casarse Pedro Nolasco tenía 31 años, mucho mayor que su esposa. Tuvieron tres hijas, dos (Rosa y Marta) en su vivienda en la calle Sancti Spíritus e/ Callejón de las Flores y Calvario, ahora (Juan Bruno Zayas e/ Padre Chao y Marta Abreu) y una, Rosalía en 1862, en la otra casa de la calle el Carmen que mandó a construir, donde vivieron hasta 1869 cuando se inició la guerra de Los Diez años en la región central. Su situación se tornó difícil porque estaba comprometido con las autoridades españolas de la localidad y también lo estaba con la insurrección ya que tenía familiares muy allegados entre los mambises, y tanto unos como otros le solicitaban ayuda económica, ante tal situación, prefirió trasladarse a La Habana con su familia.  Residieron en Prado y Trocadero, además de adquirir la Quinta de Palatino para veraneo, y un panteón en el cementerio Colón. 

    Pedro Nolasco participó en la vida política de Santa Clara, fue Teniente de Guardias de Caballería Urbana; en 1842, segundo Alcalde de la villa  y en 1856 Alcalde Primero, según consta en el Acta del ayuntamiento de fecha 26 de abril 1856. Por esta época contribuyó a que se construyera la escuela que había pertenecido al padre Hurtado de Mendoza y que los militares españoles ocuparon y devolvieron 20 años después en estado de deterioro. Pedro Nolasco y Juan Jova decidieron construir otra nueva en un terreno de su propiedad en la siguiente cuadra al pasar la calle Santa Ana (Lorda) que hoy se conoce como escuela Francisco Hurtado de Mendoza

    Fue propietario de un inmenso capital invertido, parte en la industria azucarera en ingenios por la zona cercana a Cruces: Santa Catalina, San Francisco y Las Mercedes, y el Dos Hermanas, en Encrucijada, además de dotaciones de esclavos, otras propiedades en inmuebles alquilados, diseminados por las principales calles de Santa Clara, Santi Spíritus, San Francisco Javier, Santa Elena, Carmen, calle Santa Rosalía, San Agustín, etc., muchas fincas y solares, haciendas ganaderas, negocios en Cienfuegos y en La Habana, entre otros que hacían de Don Pedro Nolasco un hombre millonario.

    En su vida familiar era atento y amoroso, acostumbraba a viajar con su esposa e hijas con frecuencia, por temporadas a la finca Dos Hermanas, nombre que dio a esta hacienda por las dos niñas, sus hijas Rosa y Marta. También cumplían con los preceptos religiosos, propios de la época, los domingos al asistir a la misa en la Parroquial Mayor. Llevaba a las niñas a las puesta en escena del teatro Dolls, muy próximo a su casa, y otros acontecimientos de interés pueblerinos como el día que voló un globo desde la Plaza Mayor. No obstante su comportamiento a la hora de decisiones mayores con respecto a sus hijas fue intransigente, en este caso, con Marta porque cuando se enamoró lo hizo de jóvenes sin fortuna y por tanto, las dos veces que esto ocurrió Don Pedro se opuso, uno cuando estaban en Santa Clara, Marta era muy joven y tuvo relaciones amorosas de manera extraoficial y muy pasajeras con el maestro Joaquín Anido Ledón, quien no fue aceptado y la otra vez en La Habana al tener conocimiento de que Luis Estévez Romero pretendía a su hija, tampoco tenía fortuna y era cuatro años más joven que ella, para evitarlo la envió a casa de su hermano Eduardo González Abreu en Santa Clara, que residía en Calvario y San Agustín  (Marta Abreu y Alemán), pero Luis la buscó y los tíos le aprobaron el matrimonio, Marta desobedeció a su padre y realizaron su boda en la Parroquial Mayor de Santa Clara, ceremonia a la cual no asistieron ni Pedro Nolasco ni su esposa Rosalía. Pasado el tiempo cuando nació su primer nieto Pedro Zenón Estévez Abreu en 1875, las relaciones se estrecharon nuevamente, pero murió al año siguiente, el 26 de febrero. Antes dejó en testamento 20 000 pesos para la construcción de una escuela para niños pobres, varones y de la raza blanca, que sus hijas se encargaron de construir y atender y llevó su nombre, esta escuela fue construida en la actual Carretera Central esquina a la calle San Pedro, barrio Condado, en 1863 quedó el edificio para un asilo de pobres y  la escuela se reabrió en la antes casa de vivienda  de la familia Abreu Arencibia en la calle El Carmen no. 3, esquina Santa Elena, (Máximo Gómez e Independencia). Después de la muerte de Marta Abreu el 2 de enero de 1909, el Ayuntamiento decidió convertirla en una Escuela de Artes y Oficio, hasta el año 1961 que fue intervenida por el Gobierno Revolucionario y usada como Junta Municipal de Educación, posteriormente fue remozada y convertida en un restaurante (Colonial 1800). El resto de la fortuna, sería la mitad para su esposa Rosalía y la otra mitad en partes iguales a sus tres hijas. Pidió a su hermano Juan González Abreu que fuera el tutor de Rosalía, su hija más pequeña que aún estaba soltera, para la protección de los bienes heredados, Rosa y Marta estaban casadas y correspondía a sus esposos, según las leyes de la época, ocuparse de esos asuntos.

    Los restos de Pedro Nolasco González Abreu descansan en el cementerio Colón en el panteón familiar.

     

    Rosalía Arencibia Plana (1826- 1882)

    Rosalía Arencibia y Plana

    Rosalía Justiniana Arencibia Plana nació el 5 de septiembre de 1826, en Santa Clara, hija de Don Francisco Arencibia y Doña Beatriz Plana, familia ilustre y acomodada de la villa.

    A los 17 años contrajo matrimonio con Don Pedro Nolasco González Abreu, dueño de una gran fortuna que se incrementó con la dote recibida de la familia Arencibia. La boda se efectuó el 24 de abril de 1843 en la iglesia Parroquial Mayor, situada en la Plaza (hoy Parque Vidal), demolida en 1923.

    Al año siguiente nació su primera hija, el 7 de junio, a la que llamaron Rosa Beatriz y el 13 de noviembre de 1845, la segunda, Marta de los Ángeles, quien después sería, la benefactora de la ciudad de Santa Clara. Cuando ya Marta tenía 16 años tuvo su tercera hija, Rosalía Paula Luz de la Caridad, el 15 de enero de 1862, esperaban con entusiasmo la llegada de un heredero varón, pero no fue así.

    La familia González Abreu-Arencibia se mudó de la calle Sancti Spíritus (hoy Juan Bruno Zayas) entre Calvario y Las Flores (Marta Abreu y Padre Chao), donde habían nacido las dos primeras hijas, para otra vivienda  mandada a construir en la calle el Carmen no. 3 (actual Restaurante 1800 en Máximo Gómez), donde nació la más pequeña. En 1869, poco después de iniciada la guerra de los 10 años en la región central con el alzamiento de Las Villas el 7 de febrero de 1869, Don Pedro Nolasco decidió mudarse a La Habana donde los efectos de la guerra se sentían menos. Compró una casa en Prado y Trocadero y una quinta en las afueras de la ciudad, conocida como Quinta Palatino, para ser usada como casa veraniega de recreo, costumbre de los ricos y poderosos habaneros del siglo XIX.

    Ya por esta época se había casado su hija mayor, Rosa  con Santiago Contreras, natural de Islas Canarias el 6 de mayo de 1866, poco después enviudó y se casó en segundas nupcias con el médico francés Joseph Grancher, por lo que a partir de entonces vivió siempre en Francia y a Rosalía la enviaron a estudiar a Estados Unidos  

    Quedó el matrimonio Don Pedro Nolasco y Doña Rosalía solo con Marta, poco tiempo después ésta conoció a Luis Estévez, un joven matancero estudiante de Derecho de la Universidad de La Habana, muy inteligente pero sin fortuna y más joven que ella, la familia confundió los sentimientos de Luis por Marta con el interés por su fortuna y se opusieron rotundamente al matrimonio, por lo que la mandaron a residir a casa de su tío González Abreu y este y su esposa apadrinaron a los jóvenes y celebraron la boda en la Parroquial Mayor, en 1874 a la cual no asistieron Pedro Nolasco ni Rosalía.

    Del Matrimonio de Luis y Marta nació su hijo Pedro Nolasco Estévez Abreu, en 1875 primer nieto de Doña Rosalía, porque Rosa nunca tuvo hijos y Rosalía no se casó hasta 1883 con un cubano, el Dr. Domingo Sánchez, también fue a residir a Francia por los vínculos de su esposo con el de Rosa en materia de trabajos en el grupo de investigadores del científico francés Pasteur. Con el nacimiento del nieto se restablecieron las relaciones familiares.

    En 1876 falleció Don Pedro Nolasco quien dejó en testamento 20 000 pesos para la construcción de una escuela para niños varones pobres. Doña Rosalía heredó la mitad de la fortuna, la otra mitad quedó dividida en tres partes iguales para cada una de las hijas.

    El 18 de octubre de 1882 falleció Doña Rosalía, quien también dejó en testamento 20 000 pesos para otra escuela, pero esta sería para niñas, también de las clases humildes, por lo que sus hijas patrocinaron la construcción del edificio contiguo al San Pedro Nolasco, escuela para varones donada por el padre. Al colegio lo llamaron Santa Rosalía en honor a su benefactora y fue atendida por las monjas de la Congregación Amor de Dios, que llegaron desde España para atender dicha institución, quedó inaugurada el 28 de diciembre de 1885.

    Los restos de Rosalía Arencibia reposan junto a su esposo, su hija Marta y su yerno Luis Estévez y otros familiares en el lujoso panteón de la familia González Abreu -Arencibia, en el cementerio Colón en La Habana.

    Rosa Beatriz Abreu Arencibia (1844- 1929)

    Rosa Beatriz Abreu Arencibia, benefactora del pueblo santaclareño y de otros lugares, cooperó en todos los órdenes para su mejoramiento. En varias ocasiones hizo donativos que ayudaron a los pobres y desvalidos de Santa Clara. Unida a su hermana Marta dispuso de su fortuna para obras públicas en su ciudad natal.

    Nació en Santa Clara, el 7 de junio de 1844 en la calle Sancti Spíritus, en la casa marcada con el número 49, hoy Juan Bruno Zayas. Hija de Pedro Nolasco González Abreu Jiménez y Rosalía Justiniana Arencibia Plana. Creció y se educó en la ciudad de Santa Clara en el seno de una opulenta y acaudalada familia.

    Contrajo matrimonio con el Sr. Santiago Contreras, oficial del ejército español, el martes 6 de marzo de 1866. Después de enviudar de Contreras, se casó en  segundas nupcias con el Ilustre médico francés Dr. Joseph Grancher y vivió el resto de su vida en París.  No tuvo hijos en ninguno de los dos matrimonios.

    En 1876, tras el fallecimiento de su padres las tres hermanas: Rosa, Marta y Rosalía, de común acuerdo decidieron materializar su voluntad póstuma quien dedicó 20 000 pesos para la construcción de una escuela para niños varones pobres y de la raza blanca, la que fue inaugurada el 31 de enero de 1882, con el nombre de San Pedro Nolasco, posterior a la muerte de la madre, quien al igual que su esposo dejó testamentado 20000 pesos para otra escuela, pero para niñas  pobres, también de la raza blanca, fue inaugurada en diciembre de 1885 la que llevó por nombre  Santa Rosalía, en honor a su madre. Para el mantenimiento de estas escuelas, las hermanas Abreu donaron 30 000 pesos cada una. Ambas instituciones fueron equipadas y dotadas de todo lo necesario, tanto en mobiliario como en materiales escolares, claustro seleccionado por sus patrocinadoras y un reglamento, redactado por don Luis Estévez y Romero.

    En octubre de 1884 bajo el auspicio de Marta Abreu se fundó la Escuela "La Trinidad" para niños de color. A la que contribuyó con 5 000 pesos anuales. Esta escuela fue clausurada en 1894, ante la negligencia de los padres de familia.

    En el Hospital de San Lázaro atendió a muchas necesidades de los enfermos, en 1885 donó 200 camas y 200 mudas de ropa. Las dádivas y las medicinas que pudieran aliviar a los leprosos, nunca faltaron. Por los días de navidad mandaba un regalo para que los pobres recluidos pasaran mejor esa época del año.

    En octubre de 1885 hizo una importante donación que fue repartida entre los asilados, y costeó las reformas del viejo edificio, que amenazaba con quedar en ruina.

    La Asociación de San Vicente de Paul en La Habana, al igual que el Asilo "San Pedro y Santa Rosalía" en Santa Clara, encontraron en Rosa una protectora que donaba anualmente ropas, camas, muebles, etc. y atenta siempre a las necesidades de los asilados, les hacía frecuentes donativos, para ayudar al sostenimiento de los ancianos y de los imposibilitados para el trabajo.

    Ella, unida, e identificada con su hermana Marta, secundaba las obras de ésta. En 1896 se instala el Hospital de Viruelas en las afueras de la ciudad, envió desde París su donativo y dispuso que en nombre de su ilustre esposo y en el de ella, se instalaran camas y demás enceres necesarios, y se dotara a ese establecimiento de ropa suficiente para todos los enfermos atacados de tan terrible mal. Ella no olvidaba a Santa Clara y no fue nunca indiferente a sus necesidades.

    Cuando se celebró el segundo centenario de la fundación de Santa Clara, el día 15 de julio de 1889, con una “Feria exposición” debido a la iniciativa del ilustre villaclareño Doctor Rafael Tristá, Doña Rosa Abreu y Arencibia se suscribió con la suma de 6 000 pesos para la construcción del edificio donde se instaló.

    Al instalarse la sociedad Liceo de Villa Clara en 1899 abren su Biblioteca Pública y ella donó algunas obras muy importantes, que envió desde París con ese objetivo.

    Doña Rosa costeó los estudios del bachillerato y superiores a muchos jóvenes villaclareños, donó al templo católico de Encrucijada una colección de seis candelabros y seis floreros para el altar mayor y varios ramos de flores artificiales que envío desde París.

    El ayuntamiento en distintas fechas, acordó testimoniarle su gratitud, así como al doctor Joseph Grancher, esposo de la benefactora, consignando estos acuerdos en diferentes actas.

    En los días terribles de la reconcentración, doña Rosa se suscribió con una suma importante para ayudar a la "Cocina Económica" que funcionaba en la Iglesia Buen Viaje, a cargo de los padres pasionistas y del Padre Chao, contribuyendo a la salvación de muchos pobres, los cuales hubiesen muerto de hambre en las calles.

    El General José de Jesús Monteagudo, atendiendo a este gesto de doña Rosa, trató de que fuera perpetuado en una lápida colocada en unos de los muros del convento de los Padres Pasionistas, según carta dirigida al Sr. Alcalde Municipal de Santa Clara el día 10 de enero de 1899, en la que puede leerse:

    "Es un deber de los villaclareños todos perpetuar en lápida aquel hecho misericordioso de la "Cocina Económica" que funcionó al pueblo durante los meses terribles de la reconcentración, salvando a millares de seres del hambre. Y debemos todos consignar el agradecimiento y la admiración a doña Rosa Abreu de Grancher, una de las hermanas de la gran Marta Abreu. De este modo las generaciones futuras podrán tributarle la admiración y la gratitud a esta compatriota".

    Rosa solicitó a su sobrino Pedro Sánchez Abreu antes de morir que concluyera el edificio destinado a la Residencia estudiantil para alojamiento de estudiantes, artistas y profesores cubanos en la Ciudad Universidad de París, la que debía tener los escudos de las principales ciudades de Cuba para esculpirlos en piedra en medallones colocados en la fachada del edificio y que Pedro Sánchez gestionó con los gobernadores provinciales, para cumplir póstumamente la voluntad de su tía, quien tuvo a Cuba presente hasta el último instante de su vida.

     

                  Marta  de los Ángeles Abreu Arencibia ( 1845-1909)

    Marta Abreu

    Nació Marta Abreu el día 13 de noviembre de 1845 en la calle Sancti Spíritus e/ Calvario y Las Flores, ahora Juan Bruno Zayas e/ Marta Abreu y Padre Chao, en Santa Clara. 

    Sus padres fueron Doña Rosalía Arencibia y Don Pedro Nolasco González Abreu. Este matrimonio tuvo tres hijas, a la primera le pusieron Rosa Beatriz, la segunda fue Marta de los Ángeles y la tercera Rosalía Paula.

    Marta realizó sus estudios primarios con la maestra Doña Josefa Basabe y después pasó al Instituto para niñas que abrió en 1858 Doña Coleta Fuentes.

    Hacia 1860 la familia se mudó a la calle El Carmen #3  (donde está ahora el restaurante 1878). Tuvo un enamorado, Joaquín Anido Ledón, maestro, hijo de buena familia, educado y culto, pero sin fortuna por lo que esta relación no fructificó porque no fue aprobada por los padres de Marta.   

    En 1869 el padre de Marta compró en La Habana una hacienda, la finca “Palatino” y una casa en Prado #72 y Trocadero, esta casa para vivienda y Palatino para recreo y descanso. Se mudaron y allá  conoció a Luis Estévez, pero los padres de ella no lo aceptaron porque era más joven y no poseía fortuna, a ellos les preocupaba que se acercara a Marta por intereses económicos y no por amor.

    ¿Quién era Don Luis Estévez Romero?

    Luis había nacido en Matanzas el 20 de octubre de 1849. Su situación económica era difícil pues sólo logró realizar estudios hasta  el Bachillerato en arte en el Instituto de Matanzas, pero era muy inteligente, alumno con notas sobresalientes y a los 16 años fue socio agregado de una sociedad de Ciencias del Liceo de Matanzas donde trabajó como Auxiliar del Secretario.

    Fue profesor de La Empresa en 1868 y el curso 68-69 matriculó en la Universidad de La Habana la carrera de Medicina, pero luego renunció a ésta y continuó Derecho.

    En 1874 se casó con Marta pero no quiso vivir de la dote de ella y continuó con su trabajo, al mismo tiempo que siguió en la Universidad de La Habana haciendo el doctorado, hasta obtener el título de Dr. en Derecho Civil y Canónico y en 1882 el de Lic. en Derecho Administrativo.

    A Marta la mandó su padre para Santa Clara a casa de su tío Eduardo. Luis llegó hasta esta ciudad y solicitó el permiso para casarse. El tío de Marta y su esposa sirvieron de padrinos de la boda a la que no asistieron los padres por oposición al matrimonio con Luis. La boda se realizó con mucha sencillez.

    Adquirieron su propia casa y vivieron con la madre de Luis en La Habana y el 12 de abril de 1875 Marta tuvo su primer hijo, Pedro Nolasco Julio Zenón Estévez Abreu, después nació una hembra pero falleció a los pocos días de nacida.

    La familia de Marta continuaba viviendo en Prado y Trocadero, su hermana Rosalía había ido a Estados Unidos a estudiar y el padre falleció en 1876, la fortuna quedó compartida entre las hijas y doña Rosalía, pero al morir ésta el 18 de octubre de 1882 heredaron una cuantiosa fortuna en propiedades, efectivo y una dotación de esclavos. Rosa les dio la libertad a los de ella para irse a Francia, pero Luis y Marta no hicieron esto sino que los prepararon para la nueva vida pues ellos entendían que no estaban preparados para enfrentar la vida de obreros asalariados, por lo que le donaron una parcela de tierra para que construyeran su bohío y crearan su propio conuco los domésticos, quedaron como empleados y a todos se les pagó $ 6 de estipendio. A partir de haber heredado toda su fortuna comenzó la construcción de obras de beneficio social:

    Dos colegios donados por los padres San Pedro Nolasco para niños blancos pobres y Santa Rosalía para niñas blancas pobres (ahora son El restaurante 1878 y Santa Rosalía). Los lavaderos públicos, dos en cada ríos (Cubanicay y Bélico), el teatro La Caridad, una escuela para niños negros llamada La Trinidad, el asilo para pobres, (Hoy escuela Carlos J. Finlay), el Dispensario el Amparo (ahora ETECSA) para atender niños pobres, la Planta Eléctrica, la Estación de Ferrocarril, un laboratorio de Meteorología, también ayudó al Cuerpo de Bomberos, apoyó otras necesidades del pueblo santaclareño. En todos los casos Luis apoyaba a su esposa desde su posición de jurista, era el que tramitaba los elementos legales de cada obra y escribía los reglamentos que sustentaban el funcionamiento de cada una.

    Marta se hacía acompañar por Luis en sus viajes con frecuencia a Francia y a otros lugares de Europa y Estados Unidos, pero donde más tiempo permanecían era en París.

    Cuando la Guerra del 95 Luis y Marta quedaron definitivamente en Francia y desde allá fue la cubana que más dinero donó a esa causa para la compra de armas, medicinas y otras ayudas a los insurrectos, por eso Máximo Gómez dijo que se merecía los grados de Generalísima como los que él ostentaba. Luis por su parte se dedicó a escribir para los periódicos franceses para dar a conocer al mundo la verdad de la causa cubana por la independencia, ya que desde España se informaba una realidad tergiversada de lo ocurría en Cuba durante la Guerra del 95.

    Marta murió en París operada de la apendicitis que le ocasionó peritonitis, el 2 de enero de 1909, fue enterrada en el panteón de los Grancher, esposo de su hermana Rosa.

    Luis quedó muy perturbado con la muerte de su esposa, cuentan que visitaba el panteón donde descansaba Marta en el cementerio, y el día 4 de febrero, según certificado de defunción, se suicidó, en una habitación de su casa, en París. Fue colocado en una tumba al lado de la de Marta. Pasados los años, su hijo Pedrito trajo los restos de ambos al cementerio Colón de la Habana donde estaba el panteón de la familia González Abreu- Arencibia.

    En Santa Clara le erigieron un monumento en el Parque Vidal, develado el 15 de julio de 1925, con lo que se ha querido perpetuar su memoria de gran benefactora, por haber sido una mujer que destinó su fortuna para el bienestar de su pueblo, de ahí que hoy no debemos olvidarla y siempre recordar que Santa Clara es la Ciudad de Marta Abreu de Estévez.

     

    Rosalía Abreu Arencibia (1862- 1930)

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    Rosalía Paula Luz de la Caridad Abreu Arencibia, hermana menor de Marta Abreu, también dadivosa y desprendida de su fortuna para aliviar a los pobres, nació en Santa Clara el 15 de enero  de 1862, cuando la familia vivía en la casa de la calle El Carmen No 3 esquina Santa Elena, según algunos biógrafos, sus padres esperaban un bebé varón que no habían tenido. Rosalía creció mimada por su hermana Marta que era dieciséis años mayor que ella y por lo que siempre sintió especial afecto maternal.

    Fue educada en Estados Unidos y en 1883 viajó a Francia con su hermana Rosa y el esposo de ésta, donde conoció a Domingo Sánchez de Toledo que estudiaba medicina y con el cual contrajo matrimonio el 23 de julio de ese año. Después de la graduación de Sánchez regresaron a La Habana. Tuvieron cuatro hijos: René murió en un accidente en el baño, Juan que falleció cuando la Guerra Mundial al volcarse el auto en que transportaba heridos. Pedro y Rosalía si vivieron hasta avanzada edad.

    El 18 de octubre cuando falleció Rosalía Arencibia, la madre, entraron las tres hermanas en posesión de toda la fortuna. De conjunto con Marta su hermana Rosalía aportaba a casi todas las obras ideadas y construidas en Santa Clara. Fueron de su haber particular la donación al hospital San Lázaro 500 pesos en 1890. En 1894, 2 400 pesos para la construcción del Convento de los Reverendos Padres Pasionistas que más tarde al reconstruirse el templo de Buenviaje se suscribió con 1 500 pesos más.

    Durante la reconcentración de Weyler enviaban al padre Chao donativos para las cocinas económicas y al igual que el resto de la familia, para la causa independentista a través de la tesorería del Partido Revolucionario Cubano en Nueva York. También hubo envíos para el hospital San Juan de Dios.

    Al concluir el colonialismo español regresó en 1899 a La Habana, hizo un donativo al hospital Nuestra Señora de Las Mercedes para habilitar una sala de parto con todo lo necesario. En 1900 hizo un donativo a la Casa de Beneficencia y Maternidad de la capital de 5000 pesos.

    En la República mantuvo en su residencia del Cerro, una escuela para niñas pobres a cargo de la Reverenda Madre de la Orden del Amor de Dios. El 20 de  mayo de 1928, fundó una escuela técnica -industrial para mujeres en Rancho Boyero, por el decreto 837, en su honor, le pusieron su nombre.

    La Quinta de los Monos    

    Su interés por los monos comenzó a fines del siglo XIX, cuando en un viaje al sur de Francia, adquirió una macaca la que junto a un orangután oriundo de Filadelfia constituyeron los primeros ejemplares de lo que sería su asombrosa colección.

    La Finca de los Monos es un lugar situado en el reparto Palatino del municipio habanero del Cerro, que hoy es una referencia en el tránsito por la Calzada de Santa Catalina. Se trata de un sitio que estuvo olvidado por mucho tiempo, pero fue tan importante que según un autorizado científico norteamericano de la época, allí ocurría “el experimento antropológico más grande jamás realizado”.

    Antes de llamarse Finca de los Monos, se llamaba Las Delicias. Tenía siete caballerías de tierra (antigua unidad de superficie) y fue adquirida el 26 de marzo de 1873 por don Pedro Nolasco González Abreu, padre de Rosalía, a quien le dejó el lugar en herencia, de conjunto con otros bienes. El palacete heredado sufrió un incendio y Rosalía lo mandó construir, con recursos adquiridos en Francia y en Estados Unidos, el castillo es un dechado de lujos y gusto estético(*).  Sus recursos, su filantropía y su amor a los animales dieron como resultado la asombrosa colección de animales que reunió en los terrenos aledaños al castillo de Palatino.

    Durante más de treinta años los primates vivieron en la finca de Palatino, hasta la muerte de Rosalía. Después fueron a parar a la Carnegie Institution.

    Había muchos comentarios en La Habana con respecto a la finca Las Delicias o quinta de los Monos. Se decía que la fabulosa mansión en forma de castillo, situada en el Cerro, guardaba más de un misterio pues los simios eran tratados como personas.

    Cierta o no la historia, aquellos animales, a la vez que mascotas fueron convirtiéndose en el lapso de tres décadas y gracias al empeño de Rosalía, en objeto de estudios científicos.

    En Las Delicias se establecieron tres generaciones de simios que por su importancia fueron visitados por especialistas cubanos y extranjeros.

    Rosalía Abreu adoraba a los animales y le interesaba mucho el estudio de su comportamiento. Amaestró sus simios, los acostumbró a usar ropas, comer con cubiertos y beber en vasos, estos avances la indujeron a buscar ayuda científica y lo hizo en la Universidad de Yales donde estudiaba su hijo.

    En 1924 el doctor Robert Mearns Yerkes(1876-1956) quien fuera un psicólogo, etnólogo y primatólogo norteamericano precursor en el estudio comparativo de la inteligencia de humanos y primates, y del comportamiento social de gorilas y chimpancés, presidió una comisión de la Carnegie Institution, y para sorpresas de los que se burlaban de Rosalía, declaró que estaban en presencia del experimento antropológico más grande, solo comparable a las observaciones de Burton acerca del lenguaje de los monos

    Yerkes pasó tiempos largos observando los chimpancés en la colonia de Madame Abreu. Cuando murió Rosalía su colección pasó al Carnegie Institution, es decir al YERKES Regional Primate Research Center en la Florida  y el resto a circos y zoológicos.

    Por considerarlo de alto valor, en 1928 la compañía cinematográfica PATHE, filmó un documental de la colonia de monos de Rosalía, bajo la supervisión de F H Hulses del Departamento de Antropología de la Universidad de Harward de la cual forma parte importante, de la colección de películas  educativas de la citada institución.

    En su propiedad había además guacamayos, papagayos, canarios, pavos reales, gallos japoneses, ciervos, osos, conejos, caballos, perros, gatos y un pequeño elefante llamado Yumbito, un tigre, un cocodrilo. Estaba interesada en abrir un zoológico en Rancho Boyero.

    Rosalía falleció en La Habana el 3 de noviembre de 1930 a los 68 años de edad.

    Nota: (*) El castillo de la Quinta de los Monos, fue recién restaurado y convertido en un centro cultural para uso del pueblo.

     

    Luis Estévez Romero ( 1849- 1909)

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    Luis Estévez Romero, esposo de la benefactora de Santa Clara, Marta Abreu, merece ser recordado, no sólo porque estuviese unido a ella por fuertes lazos de amor, sino también por sus cualidades intelectuales y patrióticas.

    Luis Estévez, cuyo verdadero nombre era Luis Gonzaga Irene Estévez y Romero, nació el 20 de octubre de 1849, en la ciudad de Matanzas. En el seno de una familia con pocos recursos económicos, además de que su padre los abandonó cuando eran pequeños, por lo que su madre tuvo que enfrentar sola la educación de sus dos hijos: Luis y su hermano.

    Abandonó Matanzas para matricular en la Universidad de la Habana (la antigua Universidad Convento de la Orden Santo Domingo en Obispo y Mercaderes) en el curso 1868-69. Comenzó a estudiar Medicina, carrera que sustituyó por la de Derecho, se graduó de Dr. en Derecho Civil y Canónico e 1873. Fue alumno eminente. Obtuvo en todas las asignaturas las más altas calificaciones. Mientras estudiaba, trabajó en un bufete para pagarse sus estudios.

    En La Habana vivió en una casa cercana a la que habitaba Marta Abreu con sus padres en Prado y Trocadero, pasaba diariamente por el frente, se conocieron y se enamoraron.

    La familia González Abreu Arencibia había ido a residir a La Habana en 1869 cuando Pedro Nolasco González Abreu decidió la mudanza para la capital.

    Los padres de Marta se opusieron porque él era un estudiante pobre y menor en edad que ella, por lo que Marta fue enviada a Santa Clara a casa de su tío Eduardo González Abreu en la calle Calvario y San Agustín (ahora Marta Abreu y Alemán). Luis Estévez vino a casarse con la autorización del tío de Marta. Sin la presencia de los padres se efectuó la boda, el 6 de mayo de 1874 en la Parroquial Mayor de Santa Clara.

    Llevó a su esposa a vivir con él, continuó trabajando y estudiando, para demostrar que no le interesaba su fortuna, sino que su matrimonio era por amor.

    En 1875 tuvieron un hijo al que llamaron Pedro Nolasco Julio Zenón y las relaciones familiares se reconciliaron, pero poco después en 1876 falleció el padre de Marta, ella recibió parte de su herencia y en 1882, murió la madre, es cuando entra en posesión de una cuantiosa fortuna y  pudo llevar a vías de hecho su proyecto social en beneficio de la calidad de vida de los santaclareños, en el período de la década de los ochenta y los noventa, hasta 1895 fueron muchas las obras construidas: escuelas, lavaderos públicos, Estación Metereológica, Planta Eléctrica, estación del ferrocarril, dispensario “El Amparo”, entre otras. Luis Estévez desde su posición de jurista era el gestor de todos los proyectos y redactor de los reglamentos para el funcionamiento de cada una de esas obras patrocinadas por su esposa.

    En su vida profesional, en 1881 fue nombrado Catedrático Interino de Derecho Canónico e Historia de la Iglesia. En 1883 fue designado Catedrático Interino de Economía Política y Estadística y en 1889, Catedrático Auxiliar de Derecho Civil y Canónico.

    En 1885, pasaron un tiempo en Santa Clara por la inauguración del teatro La Caridad el 8 de septiembre de ese año. Las autoridades del gobierno en Santa Clara rindieron homenajes a Luis Estévez en diferentes momentos, cuando lo declararon “Hijo Adoptivo” de la ciudad y el 15 de julio de 1894 le pusieron su nombre a la calle San Juan Bautista.

    Entre el 28 de febrero y el 2 de marzo de 1895 en Santa Clara se celebraron festejos por los importantes acontecimientos que se efectuaron: la inauguración de la Planta Eléctrica, el Dispensario “El Amparo” y la estación del ferrocarril. Se colocó en la plaza central una réplica de la torre Eiffel de París con la finalidad de agasajar a la benefactora, junto a ella, su esposo Luis e hijo Pedro, recibieron los halagos del pueblo en agradecimiento. El gobierno español tomó estos festejos como manifestaciones de simpatía por la insurrección armada que se habían iniciado el 24 de febrero, la turbia situación apresuró la salida de la familia para el mes de junio de ese mismo año hacia Francia. Una vez allí, de inmediato, Luis integró el “Comité de Auxilio” de exiliados cubanos en Francia  para  ayudar a la causa por la independencia de su país. Durante este período Marta fue una de las que más dinero donó a Cuba  para apoyar la insurrección armada en Cuba y su ingenio “San Francisco”, cerca de Cruces fue puesto a la disposición de los revolucionarios.

    Al finalizar la guerra regresaron a Cuba, después de una estancia corta en Estados Unidos. En los momentos  en que se instituyó la República oficialmente, el 20 de mayo de 1902, Luis a instancias de Máximo Gómez, asumió la candidatura para vicepresidente. También atendía la Secretaría de Justicia, poco después renunció, le fue concedida la liberación del cargo en 1905. Don Luis Estévez, abatido y triste porque en Cuba las cosas no marchaban como lo habían soñado los cubanos dignos, regresó a Francia en compañía de Marta a refugiarse en sus nietos.

    Además de su integración revolucionaria, su apoyo a la obra benéfica de su esposa y de ser un gran jurista, escribió obras importantes en las que dejó reflejado su pensamiento, sus ideales y sus principios, colaboró con un periódico en París, llamado La República Cubana y otro en Nueva York “Cuba y América y Patria”, en los que comentaba y difundía noticias sobre Cuba. Entre ellas: Tiempos Pasados (recopilación de trabajos políticos) dedicada a sus nietos y en la primera página revela que el ingenio “San Francisco” fue Factoría de insurrectos, también refleja la colaboración con Betances en los asuntos de la delegación revolucionaria en París. El derecho constitucional vigente en Europa y en América (Estudio del Derecho Constitucional Comparado de varios países). Ojeada sobre la Dominación Española en Europa (obra dedicada a Martí).Tesis de Doctorado ¿Cuál de las legislaciones actuales satisface mejor las exigencias de la justicia respecto a lo que debe ser la condición de la mujer así en el orden social como en el de la familia?  Reformas de nuestra legislación civil, Separatismo, anexionismo y autonomismo y Desde el Zanjón hasta Baire.

    El 2 de enero de 1909 falleció Marta Abreu de Estévez en Francia. Luis quedó muy perturbado con la pérdida de su compañera inseparable, por lo que el 4 de febrero de 1909, cuando Marta Abreu acababa de cumplir un mes de fallecida, Luis Estévez se suicidó. Siempre se ha dicho que el amor y la compenetración de esta pareja, fue tan especial que él no tuvo valor para vivir sin su compañía.

    El 20 de febrero de 1920 fueron trasladados sus restos junto a los de Marta Abreu, desde Francia hasta el cementerio de Colón al Panteón de la familia González Abreu- Arencibia donde reposan actualmente.

     

    Pedro Estévez Abreu

    hijo de Marta Abreu

    Pedro Nolasco Julio Zenón Estévez Abreu nació el 12 de abril de 1875 en La Habana en una modesta vivienda donde Luis y Marta residían con Luisa, la madre de Luis, después de haber realizado un matrimonio en Santa Clara en contra de la voluntad de sus padres.

    Pedrito, como lo llamara su familia, tuvo una hermanita a la que llamaron Cecilia pero que vivió pocos días, fue un niño muy querido por sus padres, especialmente su madre que lo llevaba con ella a todas partes donde viajaban, ya que esta familia después que fallecieron los padres de Marta y que ella heredó una gran fortuna, viajaban con frecuencia, casi siempre pasaban el invierno en Cuba y el verano en París, también visitaban los Pirineos, España, Inglaterra, Suiza, Estados Unidos, entre otros. El nacimiento de Pedrito causó la reconciliación familiar entre Luis, Marta y los padres de ella, que habían estado opuestos al matrimonio.

    Cuando falleció Don Pedro Nolasco González Abreu, Marta y sus hermanas heredaron parte de la fortuna familiar y años después, 1882, murió la madre Doña Rosalía Arencibia y todos los bienes fueron distribuidos entre Rosa, Marta Y Rosalía. Una vez que Marta entró en posesión de la gran fortuna se dedicó a realizar obras benéficas a favor de los más necesitados, especialmente en Santa Clara, su hijo estuvo presente en todas las inauguraciones que se realizaron entre los años 1882 y 1895. En la gala por la inauguración de la Planta Eléctrica, en el teatro La Caridad, Pedro le dedicó unos versos a su madre, que fueron declamados por una joven de la ciudad, por lo que se puede inferir que tenía dotes para la poesía.

    En la estancia de la familia en París cuando la guerra del 95, entregaron grandes sumas de dinero a la causa revolucionaria, entre las que estuvieron presentes las de Pedrito, bajo el seudónimo de Jimaguayú.

    Durante los meses de junio y julio de 1896, Pedrito enfermó gravemente en París, fue atendido por el doctor Grancher y estuvo a las puertas de la muerte, según testimonios de Marta en cartas a su amiga teresita Quijano, más de cuarenta días debatiéndose entre la vida y la muerte, no obstante, las causas de la enfermedad no quedan reveladas en las biografías de esta familia.

    Pedro Estévez se casó en Tampa, Florida, Estados Unidos con la descendiente de cubanos, Catalina Laza, una joven bella que lo cautivó y fueron a vivir a Francia, tuvieron en 1899 su primer hijo al que llamaron Pedro y luego le siguieron dos más: Marta y Luis. En 1905 Catalina en una de las temporadas en La Habana conoció a Pedro Baró en una  fiestas de sociedad que frecuentaban y se enamoraron, Catalina se convirtió en su amante y cuando la familia descubrió la infidelidad se divorciaron, aunque algunos biógrafos aseguran que Catalina se atrevió a pedir el divorcio a Pedrito, aún cuando en Cuba no era Ley aprobada, por este conflicto familiar, Marta y Luis regresaron a Francia para ocuparse de los niños muy pequeños, que por Ley le correspondían al padre, este golpe fue difícil para todos.

    Pasado un tiempo Pedrito se enamoró nuevamente y se casó en Francia con Grabiella con quien tuvo una hija llamada Monic, esta niña nació después de la muerte de Marta y Luis ocurridas en enero 2 de 1809 y 4 de febrero del mismo año respectivamente, los cuerpos de ambos fueron enterrados en el panteón de Grancher, esposo de Rosa en el cementerio en París. 

    Pedro Estévez exhumó los restos de sus padres y los trajo al panteón de los González Abreu- Arencibia en el cementerio Colón de La Habana, también había entregado al Ayuntamiento de Santa Clara a través de sus apoderados y abogados, varios de los bienes que le correspondían por herencia, otros como la Planta Eléctrica las vendió.  Entre 1910  mandó a construir el Asilo de Ancianos San Pedro y Santa Rosalía e inaugurado el 24 de febrero de 1913, obra póstuma de Marta que no logró realizar en vida y su hijo cumplió esos deseos.

    Cuando en 1925 se develó el monumento a Marta Abreu, en el parque Vidal, Pedro Estévez no estuvo presente pero envió un donativo para que se la entregaran en la puerta del teatro a los pobres de la ciudad, como homenaje de recordación a su madre. No se tuvo otras noticias de que frecuentara la ciudad de Santa Clara. Continuó su vida en Francia donde falleció ya avanzado el siglo.

    (Autores: M Sc Hedy Águila Zamora y M Sc. Judiel Reyes Aguilar.)

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    Nació a fines del mes de octubre de 1687, fue bautizado el 27 de octubre de ese año por José González de la Cruz. Fueron sus padres Juan Martín de Conyedo, natural de Asturias y Juana Manuela Rodríguez Arciniega, natural de Remedios. Quedó huérfano de su madre muy pequeño y el padre se retiró a servir en la iglesia en La Habana por lo que lo adoptaron sus abuelos el Alférez Mayor, Gaspar Rodríguez de Arciniega y Ana Yera.

    Conyedo con menos de dos años de edad, estuvo entre los remedianos que fundaron a Santa Clara, donde creció hasta que muy joven aún marchó a la Habana a estudiar la carreara eclesiástica, con recursos económicos muy reducidos porque solo contaba con la herencia dejada por sus abuelos que ya habían fallecido también.

    Después de ordenarse sacerdote regresó a Santa Clara y en mayo de 1712 fue nombrado sacristán mayor interino de la iglesia parroquial mayor. En este año abrió una escuela con lo que inició en Santa Clara la enseñanza escolarizada. Acometió la empresa de edificación con mampostería y teja la ermita de Nuestra Señora de la Candelaria para destinarla a convento de San Francisco y con sus recursos personales adquirió la casa y el solar contiguos para ampliar la construcción y establecer el hospital de caridad Nuestra Señora de las Angustias donde atendía enfermos gratuitamente.

    Para la reconstrucción de la iglesia mayor, vendió en 1724 un potrerito y un tejar que poseía para apoyar en los gastos de dicha empresa, con sus gestiones obtuvo autorización para algunos beneficios destinados a la iglesia y que el Ayuntamiento le concediera las ganancias de las tierras realengas de la jurisdicción. Cinco esclavos de su propiedad trabajaron en las reconstrucciones de las iglesias y al finalizar les dio la libertad, como les había prometido.

    En mayo de 1739 por sus méritos fue promovido a la Catedral de Santiago de Cuba, pero no recibió la comunicación del nombramiento hasta 1741, antes de partir dejó todo organizado con la finalidad de que sus obras pudieran seguir funcionando, por lo que nombró a Hurtado de Mendoza y a Doña Águeda García para que continuaran ejerciendo el magisterio y no faltara este servicio a los niños de ambos sexos.

    Permaneció en Santiago de Cuba diez meses porque el clima y su edad le afectaron su salud por lo que se vio obligado a solicitar licencia del Diocesano y del Venerable Cabildo para trasladarse a su ciudad y así lo hizo. En 1744 comenzó la reconstrucción de la ermita del Buenviaje y la construcción de la iglesia Nuestra Señora del Carmen, con sus recursos personales y el apoyo de limosnas. Fue nombrado Capellán de dicha ermita. Estableció una escuela para niños de ambos sexos, aunque funcionaban en aulas separadas como requerían la enseñanza de la época.

    Ya anciano y enfermo, falleció, antes dejó testamentado que quería que lo enterraran debajo del altar mayor en un ataúd forrado en negro con cintas blancas, pero sus albaceas los presbíteros, bachiller Antonio Hurtado de Mendoza y Don Lorenzo Martínez de Avileira atendiendo a sus méritos, mandaron a forrar el ataúd con tafetán morado guarnecido de galones de plata, y le erigieron una sepultura en alto junto a la pared debajo del altar de San Francisco Javier.

    El acto de sepultarlo lo realizó el presbítero Don Cayetano José Pérez de Arciniega, vicario juez eclesiástico y abogado de las Reales Audiencias de Méjico y Santo Domingo; concurrieron los demás sacerdotes y pueblo en general porque Conyedo estaba considerado como “Padre espiritual de la república, su bienhechor y fundador de su Iglesia“(*). Sus bienes se distribuyeron en beneficio de sus familiares, los pobres y las iglesias.

    Sus restos descansaron en la ermita El Carmen hasta mayo de 1804, fecha que el Obispo Espada y Landa visitó a Santa Clara y ordenó la exhumación del cuerpo de Conyedo para trasladarlo al cementerio aledaño a la iglesia parroquial mayor, pero su cuerpo estaba intacto con sus vestiduras por lo que Francisco del Río, mayordomo de la iglesia en homenaje a Conyedo lo protegió en una caja mandada a construir para esos fines y lo colocó en el depósito de los huesos de las exhumaciones que se hacían del cementerio, hasta que en enero de 1819 el Obispo Espada realizó la segunda visita a Santa Clara y ordenó colocar en una fosa común todos los restos, así se perdieron en otros traslados a otros sitios que tuvo el cementerio y hoy solamente se recuerda a este honorable santaclareño por el obelisco que Marta Abreu mandó a construir en la Plaza Central (actual Parque Vidal), en 1886.

     Cita bibliográfica:

    (*) González, Manuel Dionisio. Memoria histórica de Santa Clara y su jurisdicción. Imprenta Del Siglo, 1858, p 423.

    (Autora: M Sc Hedy Águila Zamora, profesora e Historiadora de la Ciudad.)

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