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    Nació en la villa de Santa Clara el 26 de octubre de 1696, hijo de Don Dionisio Surí y Doña María del Águila. Esta familia volvió a Remedios donde se radicaron durante la niñez de José Surí, allí perdió a sus padres. Desamparado y sin ocupación acudió al favor de un hacendado quien lo empleó para realizar trabajos agrícolas.

    En su corta edad no podía autovalorar que poseía una capacidad intelectual extraordinaria. No obstante brotaron de su imaginación los primeros versos alusivos a las tareas que realizaba, de forma tal que ya convertido en un poeta, viajó al poblado y ansioso de instruirse buscó ayuda. Estudió la Lengua Latina, Historia, especialmente la Sagrada, lo que sirvió para mejorar su lenguaje poético y también tuvo facilidades para aprender los conocimientos médicos de la época, consiguió libros y los aprovechó muy bien y con la práctica, alcanzó cierto respeto entre sus conciudadanos.

    Manuel García Garófalo Mesa dijo de él: “Pobre campesino que en su infancia trocó el arado por la lira y de ella brotaron en asombrosa fecundidad versos sonoros, que aún hoy pueden ser modelos de metro y de dicción, sin estudios se hizo médico y farmacéutico, y poseyó en raro sonoro la ciencia y la poesía, el remedio del organismo y el bálsamo del espíritu”. (*)

    Después del año 1730 se domicilió en Santa Clara con su familia porque había contraído matrimonio con Doña Águeda García, primera directora de escuela que tuvo Santa Clara en la creada por el Padre Conyedo para las niñas. Tuvieron varios hijos y uno de ellos, José Francisco Surí García, bachiller, se destacó como profesor de Medicina y Cirugía.

    A la llegada de Surí a la villa de Santa Clara no existían suficientes médicos, ejerció la medicina más por humanidad que por otros intereses. Por sus aciertos con los enfermos, se ganó la aceptación pública hasta el punto de preferirlo a él que a los facultativos profesionales que existían. Esto causó malestar en aquellos y lo denunciaron al Protomedicato por ejercer la medicina sin poseer título acreditativo, considerado como Hombre intruso en la ciencia, de modo que fue llamado a La Habana ante el Capitán General en 1743.

    Se presentó ante un tribunal acusado de graves cargos, logró aplazar la audiencia aludiendo necesidad de descansar del largo viaje desde Santa Clara hasta La Habana, pero en realidad quiso ganar tiempo para presentar de memoria y en versos un tratado de medicina con los conocimientos de esta ciencia propios de la época. Dejó estupefacto a los miembros del Tribunal quienes además de aprobarlo en Medicina, Cirugía y Farmacia, lo felicitaron por su capacidad y su ocurrencia y le autorizaron a poseer una farmacia en su casa. Fue admitido por el Cabildo en sesión del 23 de septiembre de 1743, donde prestó juramento y se le entregó la insignia correspondiente que consistía en un bastón de plata liso.

    Se estableció la primera farmacia en la villa, aunque desde antes ya el francés Dubois de la Rosa había incursionado en esta profesión pero con un simple depósito de ungüentos. En 1746 fue designado por el Protomedicato, médico cirujano del Hospital de Caridad. Su extraordinaria facilidad para memorizar le permitía dar una ojeada a los escritos y recitar los versos. En 1761 por encargo de la municipalidad escribió un entremés que se puso en escena por motivos de las festividades del Corpus Christy. También era aficionado a la música y tocaba el violín. De su obra poética quedaron algunos ejemplares, todos de carácter religioso, dedicados a la virgen y a los santos y uno que hizo por encargo de un amigo.

    Murió el 30 de octubre de 1762 cuando acababa de cumplir 66 años, su cadáver por orden de su voluntad, fue sepultado sin caja en un sitio de la Parroquial Mayor. Sus restos como los de otras tantas personalidades de Santa Clara desaparecieron con los constantes cambios de lugar que sufrió el cementerio antes de llegar al lugar definitivo donde se encuentra actualmente.

    En vida perteneció a la Tercera Orden San Francisco, de ahí que se le conociera como “Hermano Surí”. José Surí Águila está considerado como el primer poeta villaclareño que se conozca.

    Cita bibliográfica:(*) García Garófalo Mesa, Manuel. Los Poetas Villaclareños. La Habana 1927, p 7.

    (Autora: M Sc Hedy Águila Zamora, profesora e Historiadora de la Ciudad.)

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    Francisco Antonio Hurtado de Mendoza nació el 4 de octubre de 1724, hijo de Don Juan Hurtado de Mendoza y Doña María de Veitía, vecinos de la villa de Santa Clara. Desde pequeño ayudaba en la iglesia Parroquial Mayor, fue educado por el padre Juan de Conyedo, cuya línea de pensamiento y acción continuó hasta los últimos días de su vida.

    Muy joven fue enviado a La Habana a realizar la carrera eclesiástica, perdió al padre y eso le afectó económicamente por lo que para poder mantenerse estudiando, su madre tuvo que acudir a la ayuda familiar y a las limosnas de los vecinos hasta que el 21 de diciembre de 1748 se ordenó sacerdote y meses antes se había graduado de Bachiller en la Universidad de San Gerónimo.

    De regreso a la villa, se encargó del servicio de la parroquia como teniente sacristán mayor, cuya tarea desempeñó durante nueve años. Fue nombrado cura beneficiado el 12 de agosto de 1761 hasta 1769 en que renunció al mismo.

    Obra suya fue el Asilo de Caridad que el Cabildo había comenzado a edificar y fue Hurtado de Mendoza quien emprendió las gestiones necesarias para obtener el dinero, así se pudo inaugurar y fue puesto al servicio del pueblo. Recayó también sobre sus hombros la tarea de terminar la fabricación de otra iglesia, la Divina Pastora.

    Independientemente de estas altruistas labores que desarrolló en la comunidad aparte de sus funciones como sacerdote, Hurtado de Mendoza, como hombre culto que era y amante de la enseñanza, puso todo su interés en dotar a Santa Clara de una nueva escuela y a tal efecto donó tres solares de su propiedad, ubicados en la esquina de las calles El Carmen y Santa Elena, actuales calles de Máximo Gómez e Independencia, fabricó la casa donde inicialmente estuvo la escuela a la que puso por nombre Escuela Pía de Nuestra Señora de los Dolores de la que fue responsable absoluto de su organización, señaló las materias que debían impartirse. Las más importantes fueron: Lectura, Escritura, Aritmética y Doctrina Cristiana. Eran tiempos en los que no existía un sistema de enseñanza para que los maestros pudieran guiarse didácticamente, por lo que Hurtado de Mendoza, aunque no tenía formación pedagógica tuvo que asumir esa tarea para que su escuela funcionara.

    Dicha escuela se inauguró en el año 1794 a favor del pueblo en general y en especial a la clase más humilde.

    Murió el 15 de marzo de 1803, ya anciano y enfermo. Dejó testamentado que sus bienes fueran para sus familiares, para beneficio de la iglesia La Pastora y para mantener la escuela. Dio la libertad a sus esclavos a los que les dejó un solar a cada uno para que construyeran sus viviendas y mientras eso ocurriera debían continuar residiendo en su casa. Pidió, además, que lo enterraran modestamente en la Parroquial Mayor.

    En la actualidad la escuela lleva su nombre y fue construida por Don Pedro Nolasco y su cuñado Francisco Jover en la cuadra aledaña a donde estuvo la original, Santa Elena (Independencia) esquina Santa Ana (Lorda).

    (Autora: M Sc Hedy Águila Zamora, profesora e Historiadora de la Ciudad.)

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    Nicolasa

    Entre las maestras que tuvo la villa de Santa Clara en la etapa colonial, a finales del siglo XVIII, se encuentra la maestra María de la Concepción Nicolasa Pedraza Bonachea, nacida en esta ciudad, según consta en la fe de bautismo, el día 6 de diciembre de 1770 y bautizada el día 13 del propio mes y año.

    La Maestra Nicolasa, como era conocida cariñosamente por la gran mayoría de los habitantes de su ciudad natal, fue la primera maestra de instrucción que tuvo esta villa. Se dedicó por entero a la enseñanza y educación de los niños, con constancia y dedicación, desde la adolescencia hasta la senectud. “…Estableció una escuela en su misma casa, se consagró desde entonces a la enseñanza de la niñez de ambos sexos con fervor y perseverancia muy dignos de todo elogio. [1]

    Esta educadora fue catalogada por el historiador Manuel Dionisio González, en las notas biográficas escritas a la maestra, como la decana del magisterio en Santa Clara. También manifestaba el citado autor que “a pesar de su avanzada edad, admitía gratis y con la mayor complacencia a los niños pobres que le mandaban, y no obstante a su escasez de recursos, ejercía también la sublime virtud de la caridad, socorriendo al infeliz que llegaba a sus puertas.[2]

    Florentino Martínez, más conocido por Don Floro, periodista y poeta santaclareño, en uno de sus artículos escritos en el periódico La Publicidad, al referirse a distintos pedagogos, hace alusión a la Maestra Nicolasa: …“educó a tres generaciones de villaclareños enseñando y practicando la virtud.” [3]

    La enseñanza fue todo en su vida, ya que sacrificó sus años de adolescencia, juventud y ancianidad para consagrarlos a la educación de sus alumnos. Falleció en su ciudad natal el 1º de enero de 1867 a la edad de 97 años. Con relación a su muerte se asienta en el libro: Nichos del cementerio que se conserva en la Iglesia Santa Clara de Asís lo siguiente: … “El Licenciado Carmelo Valdés Veitía ha satisfecho hoy 1º de enero de 1867 la cantidad de $51.00 pesos por el derecho útil del nicho # 21 izquierdo en el cual se ha inhumado en esta misma fecha el cadáver de Da. Nicolasa Pedraza.(4)

    En su labor magisterial nunca se le retribuyó dinero, así es que unos meses antes de morir, en sesión ordinaria del Cabildo de Santa Clara efectuada el 4 de mayo de 1866, fue acordado que se nombrara una comisión para pagarle una pensión a la maestra y de esta forma sufragar sus gastos por encontrarse enferma, anciana y no tener recursos económicos.

    La tarja en memoria de esta educadora existió, en medio de un parque que actualmente lleva su nombre, rodeado de zona arbolada y acogedora, lugar alegre para la infancia de hoy y de gran parte de la población que acuden al mismo y por donde tantos ciudadanos pasan a diario. La casa fue demolida por las malas condiciones en que se encontraba y posteriormente se produjo la instalación de este parque como recuerdo y respeto a quien estuvo consagrada al magisterio.  

    Citas:
    [1] La Publicidad, Año XXXIX. No. 135770 p.1 col1-2, 23 de abril de 1943.

    [2] Ibídem

     [3] Referido por Manuel D. González en su artículo La Maestra Nicolasa (Biografía) en el folleto “Ofrenda de gratitud”… (La Maestra Nicolasa). Villaclara, Imprenta La Época, 1885.

    [4] Libro: Nichos del Cementerio General. Folio 10, Santa Iglesia Catedral “Santa Clara de Asís”.

    (Autora: MSc Adela González Álamo, especialista Archivo Histórico Provincial de Santa Clara)

     

    Palabras de Homenaje a la Maestra Nicolasa en su aniversario 250 en el espacio que ocupó su casa donde nació vivió y murió:

    Estamos rindiendo homenaje a la maestra Nicolasa Pedraza que nació el 5 de diciembre del año  1770, significa que cumple 250 años, aniversario cerrado, lo que demuestra que como dijera Martí: "La muerte no es verdad, cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.                                                             

    Miren cuánto tiempo ha pasado y estamos en el lugar donde vivió y enseñó recordando esta insigne mujer que hizo historia en esta ciudad, sin proponérselo, en una de las profesiones más nobles que existen, la de educar a los niños, pues la maestra Nicolasa era eso una educadora dedicada por entero a su labor, una persona muy religiosa, muy modesta que no usó la enseñanza para su utilidad, porque enseñaba gratuitamente de ahí que tuviera niños de familias de alto nivel económico pero también los más pobres de la villa.

    Desde los catorce años de forma empírica, pues no tenía preparación académica para enseñar, no obstante su vocación innata le permitió realizar esa labor de forma excelente demostrado por la preferencia de los padres de los niños que pudiendo pagar estudios a sus hijos los enviaban a la escuela de la maestra Nicolasa, formó tres generaciones de santaclareños, entre ellos los que después fueron patriotas en la guerra del 68 como Eduardo Machado.

    No hubo excepción para enviar niños y niñas que no era lo usual, en la colonia existía la segregación sexual en la educación, pero la escuela de Nicolasa era para ambos sexos.

    Nicolasa Pedraza murió a los 96 años y se dice que en su ancianidad continuaba su labor pedagógica. Su muerte ocurrió el 1ero de enero de 1867. Fue acompañada hasta el cementerio local por todo el pueblo y su exdiscípulo Eduardo Machado le mandó a construir un panteón y colocó en la fachada de su casa una tarja que decía: En esta casa nació la Maestra Nicolasa. Aquí vivió y murió enseñando y practicando la virtud.

    Esa tarja fue retirada cuando la casa fue demolida y se conserva en el Museo Provincial de Historia. Una copia aparece en este parque después de remodelado y atendido por el Proyecto de la Casa Maní Bormey.

    (Autora: MSc Hedy Águila Zamora, Profesora e Historiadora de la Ciudad.)

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    manuel dionisio

    Manuel Dionisio González Yanes, hijo de Don Cristóbal González y Doña Josefa Yanes, nació el 8 de abril de 1815 en Santa Clara donde pasó su infancia y realizó estudios primarios. Ya convertido en un joven, viajó a la Habana para matricular estudios superiores en el Real Colegio Seminario de San Carlos. Después de concluida la especialidad de Filosofía regresó a su ciudad natal, en 1835 y comenzó a trabajar en la escribanía de Don Martín Ruiz.

    También fue redactor de varios periódicos locales: “El Eco”, “El Alba”, “El Sagua” y otros, donde publicaba artículos relacionados con la educación, las costumbres y asuntos de interés diverso. Fundó en 1865 el periódico literario, económico, agrícola e industrial “La Alborada”. Como escritor, publicó trabajos de diversos géneros literarios pero lo que le dio la celebridad fue su condición de primer historiador de la ciudad de Santa Clara al publicar en 1860 su libro “Memoria histórica de la villa de Santa Clara y su jurisdicción”.

    Otros géneros literarios cultivados por Manuel D González fueron: teatro, narrativa y poesía. En 1848 escribió una comedia en colaboración con Miguel Jerónimo Gutiérrez y Eligio Eulogio Capiró, titulada Idealismo y Realidad. Esta comedia en tres actos fue llevada a escena por los alumnos de la Escuela de Declamación que dirigía el Licenciado Carlos Valdés. Para estos jóvenes escribió dos comedias más: Sobre todo mi dinero y El judío errante.

    Además publicó una obra narrativa, de la cual hubo tres ediciones, su argumento se basaba en hechos históricos de la época del Padre Las Casas donde ofrecía datos interesantes. La otra  obra de ese género, considerada una leyenda se titula, “Las Brujas de Peña Blanca”, basada en una hecho local. Por sus obras recibió varios premios: En 1889 en el bicentenario de la fundación de Santa Clara, se organizó una gran exposición de diversas temáticas, en la que alcanzó póstumamente, una Medalla de Oro en premio por su libro Memoria histórica de la Villa de Santa Clara y su jurisdicción, concluida en 1857 y publicada en 1860 y el Gobierno Municipal le concedió la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III.

    Murió en su ciudad natal a los 68 años, el 14 de mayo de 1883. Sus restos reposan en el cementerio de la ciudad.

    (Autora: M Sc Hedy Águila Zamora, profesora e Historiadora de la Ciudad.)

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    Miguel Jerónimo

    La vida de Miguel Jerónimo Gutiérrez se puede analizar en dos tiempos: uno antes del alzamiento en Las Villas en 7 de febrero de 1869 y otro posterior a esta fecha. En el primer período de su vida hay que ver al joven, al esposo, al padre de familia, al intelectual y hombre de negocios en su entorno familiar y social en la villa de Santa Clara. En el segundo al patriota, con sus jefaturas y responsabilidades en medio de una guerra por la independencia de Cuba hasta su muerte.

    Nació en Santa Clara el 15 de junio de 1822, hijo de Miguel Jerónimo Gutiérrez y María Nicolasa Hurtado de Mendoza. Estudió en el colegio de los Padres de “San Francisco de Asís” donde se destacó como alumno aventajado y la carrera de Agrimensura en La Habana, su título aparece registrado en un acta del Cabildo de Santa Clara, su título aparece registrado en un acta del Cabildo de Santa Clara.

    Con facilidades para las letras, por lo que desde muy joven colaboraba con el periódico El Eco de Villaclara.  Desde los 22 años ya escribía versos de mucha calidad literaria, reconocido públicamente a través de la prensa de la época. Sus trabajos aparecieron en diferentes publicaciones como La Alborada (fundado en 1856), La Guirnalda Literaria (1856), El Central (1860), El Alba (1862), La Época, este último fundado por Eduardo Machado Gómez y que vio la luz hasta en que fue clausurado por las autoridades españolas por la posición reformista que manifestaba.

    Miguel Jerónimo Gutiérrez Contrajo matrimonio el 3 de junio de 1849 con la joven Ángela Quirós Blanco, hija del Licenciado en Farmacia don Manuel Fermín Quirós y doña Manuela Gervasia Blanco. Residieron en la calle Candelaria #22, donde nació la numerosa prole compuesta por nueve hijos: Daniel, Filomena, Manuel, Luis, Benjamín, Rafael, Teresa, Ángela y Juan Bautista Gutiérrez Quirós.

    Esta familia poseía varias propiedades, además de la casa señalada como residencia, poseían otra en Colón # 15 e/ Candelaria y San Cristóbal (ahora señalizada con una tarja como la casa natal de Carmita Gutiérrez), dos potreros nombrados Mingrelia y Río Santo de Pérez, en el Partido de Báez y el ingenio La Margarita en el Partido de Maleza con una dotación de 16 chinos y 3 negros esclavos, en copropiedad con Francisco Martínez Pupo.

    Gutiérrez se desempeñaba en su despacho como agrimensor cuya clientela era numerosa y de alto poder económico. Además de su actividad intelectual como colaborador en la prensa local, era invitado con frecuencia a pronunciar discursos en diferentes actos de homenajes a personalidades, como los ofrecidos a la memoria de los maestros Nicolasa Pedraza y Eligio Eulogio Capiró, de los cuales quedó constancia entre los documentos del patriota. A pesar de ser una persona callada, hablaba solamente cuando era necesario y lo hacía de forma pausada, según opiniones de aquellos que lo conocieron personalmente.

    Otra de sus actividades socioculturales fueron las tertulias en su casa y en la farmacia La Salud de Juan Nicolás del Cristo. También ocupó la presidencia de la Directiva del Liceo. Como poeta dejó una producción bastante amplia de sus poesías. Las reuniones y tertulias de la Farmacia la Salud devinieron organización de la Junta Revolucionaria como la única salida de los cubanos reformistas que fracasaron después de la Junta de Información. La organización independentista fue presidida por Miguel Jerónimo Gutiérrez quien en compañía de Antonio Lorda, Tranquilino Valdés, Juan Nicolás del Cristo, Eduardo Machado y otros, organizó el primer alzamiento de Villa Clara y de la provincia de Las Villas. Estos alzamientos  se realizaron en condiciones inapropiadas debido a que  un telegrafista, amigo de Antonio Lorda, le informó que el mando militar español de Santa Clara solicitaba autorización para capturar a los miembros de la Junta, lo que todo indicaba que habían sido descubiertos. Por lo que tuvieron que adelantar la salida para el día 2 de febrero hacia San Gil, donde ocurrió el primer alzamiento de la jurisdicción  Villaclareña el 6 de febrero y al día siguiente, en la finca El Cafetal de José González, próxima a Manicaragua, se realizó el de toda la región villareña con la participación de los demás territorios: Cienfuegos, Sancti Spíritus, Trinidad, Sagua, Remedios y Santa  Clara.

    En los primeros combates predominó la valentía de los cubanos ante la superioridad en armas de los españoles. La situación se iba haciendo cada vez más difícil por la falta de recursos para continuar la lucha, lo que determinó que el alto mando en esta zona buscara una solución. Se debatiendo dos propuestas, una encabezada por Miguel Jerónimo Gutiérrez de trasladarse a Camagüey, pertrecharse de armas y regresar después al territorio villaclareño para continuar la lucha y otra la de Eduardo Machado de avanzar hacia occidente. Predominó la idea de Miguel Jerónimo Gutiérrez. Además debían asistir a la Asamblea de Guáimaro por lo que se dirigieron hacia esa zona, y en este territorio quedaron pequeñas partidas comandadas por Guillermo Lorda que mantuvieron enfrentamientos con las fuerzas españolas.

    Fue elegido presidente de la Junta de Gobierno de Las Villas y en la Asamblea de Guáimaro lo designaron Vicepresidente de la Cámara de Representantes, cargo que desempeñó con mucho sentido del deber, patriotismo y responsabilidad. En 1871, pidió autorización a la Cámara para que se le permitiera marchar a Occidente para visitar los campamentos acompañado de su hijo Daniel (que estuvo a su lado desde comienzos de la guerra) y una pequeña escolta, lograron pasar la trocha de Júcaro a Morón que los españoles habían establecido para evitar que pasara la guerra para el occidente. 

    Se alojaron en la casa del Miguel Cañizares. Lo acompañaba el Comandante Miguel Velasco, Jefe de la escolta que lo custodiaba. El 20 de abril a media noche la casa fue asaltada por una guerrilla enemiga, había sido traicionado por un cubano llamado Miguel Castellón, En el ataque cayeron Miguel Jerónimo Gutiérrez, el Comandante Velasco y otros.

    Una descarga cerrada envolvió todo el cuadro, y los patriotas fueron sorprendidos, mientras Daniel logró escapar, Miguel Jerónimo cayó herido y fue hecho prisionero. Exhausto de fuerzas, debilitado por la sangre que vertía de su herida, colocado de bruces sobre un caballo, con su cuerpo atravesado sobre la bestia, con la cabeza colgando, aun con vida, emprendieron la marcha a través de estrechas veredas, a tal punto que su cabeza rebotaba de tronco en tronco de roca en roca, y por sus labios moribundos, por donde se le escapaba la vida, pedía que alguien terminara sus sufrimientos, poniendo fin a su existencia.

    Sobre la muerte de Gutiérrez dice Eduardo Machado en su Autobiografía  p. 32:

    “Miguel Jerónimo Gutiérrez también fue asesinado horriblemente por los españoles el 20 de Abril de 1871 en la casa de Miguel Cañizares, gobernador de Sancti Spíritus, montes del Purgatorio (SS) , Juan Castellón fue quien los entregó, llevando la tropa que lo asesinó. Tres días después el Coronel Fernando López Queralta hizo matar a Castellón mientras se hallaba en casa de una Mariquita Pérez”
    Según otro relato, se dice que falleció “atravesado, moribundo en una mula, su cabeza tambaleando despedazándose contra los árboles, la barba espesa y la cabellera enredada entre los bejucos del camino, la piel de su hermoso rostro desgarrada por las espinas de los zarzales: un disparo puso fin a su sufrimiento horrible” (Los poetas de la guerra p 54)

    Parece que se le dio sepultura en el camino hacia Sancti Spíritus, obedeciendo órdenes del jefe militar del Departamento, brigadier Francisco de Acosta Albear, que estaba emparentado con la familia de Gutiérrez y quiso evitar que se exhibiera el cadáver en Sancti Spíritus. El lugar donde fue enterrado nunca se ha podido determinar. Tres días después, el coronel insurrecto Fernando López Queralta, capturó al traidor Castellón y le dio muerte.

    En la sesión celebrada por la Cámara Revolucionaria en Güira de Naranjo, el 9 de Marzo de 1871, diez y nueve días después de la muerte de Gutiérrez, se consignó en acta lo siguiente, que Eduardo Machado nos da a conocer textualmente en la página 24 de su autobiografía:

    “El ciudadano Eduardo Machado pronunció un sentido discurso alusivo a la muerte del ciudadano Miguel Jerónimo Gutiérrez, Vicepresidente que fue de esta corporación, y después de mencionar su inmaculado patriotismo en todos tiempos, el abundante fruto de su propaganda republicana y los inmensos y perseverantes servicios que prestó a la causa de nuestra independencia, como Presidente de la Junta Revolucionaria de Villaclara, miembro de la Cámara consignase en el acta de su primera sesión después del fallecimiento de su digno vicepresidente el ciudadano Miguel J Gutiérrez, un tributo de eterno sentimiento y gratitud a la memoria de tan benemérito patricio. Esta proposición fue aceptada sin discusión y por unanimidad.”(*)

    Homenaje a su memoria

    La idea de erigir un monumento a Miguel Jerónimo Gutiérrez estuvo presente desde las primeras décadas del siglo XX y quien mantuvo firme la propuesta fue el Concejal Enrique del Cañal, pero no fue hasta el 14 de octubre de 1915 que se aprobó por unanimidad en el Consejo Provincial. En este primer momento el Concejero Luis A. García logró un crédito de 2000 pesos. En un segundo momento logró que se aprobara otro estatuto fechado 7 de abril de 1917 con 1000 pesos más y por último el 26 de septiembre de 1918 solicitó otro crédito de 1800.

    El 3 de septiembre de 1917, el Ayuntamiento de la ciudad acordó el emplazamiento del Monumento en la plaza de la iglesia la Pastora y formar una Comisión Gestora formada por dos Concejales, el Alcalde municipal, dos Consejeros y el Gobernador Provincial, estos señores que integraron la Comisión fueron: José Miguel Valido y Luis A. García (Consejeros), Doctores Arturo Ruiz Mesa y Antonio Ruiz Pegudo.

    El 3 de octubre la Comisión celebró su primera sesión con la presencia de otros designados para ocupar los cargos competentes en el proceso para erigir el monumento al insigne patriota: Gerardo y Guillermo Rojas, Juan E. Valdés, Enrique Machado Ramos, Antonio Alemán y Florentino Martínez, los presidentes de las diferentes Asociaciones y los representantes de la prensa local.

    El 5 de octubre hubo otra reunió para el mismo asunto en la Cámara Provincial con la asistencia de todos los implicados en la construcción del monumento y a lo que sumaron otros invitados para formar parte de las dos Comisiones que se formaron: la de Hacienda y la de Propaganda. Para la primera se seleccionaron las siguientes personas: el Alcalde Municipal de Santa Clara Manuel Ruiz y Francisco López Alemán, Guillermo Rojas Pérez, Antonio Alemán Urquía y Luis A. García; para la de Propaganda coincidirían los mismos de la Comisión Gestora, ya mencionados. Para la revisión y análisis de los bocetos se designaron al arquitecto Silvio Payrol, a los ingenieros Alfredo Tristá y Manuel R. Pérez.

    El acto de colocación de la primera piedra para iniciar la construcción de la base al Monumento fue realizado el 10 de octubre de 1917. Estuvieron presentes familiares de Miguel Jerónimo Gutiérrez, los miembros de las Comisiones y autoridades locales, lanzaron la primera paletada de tierra el Gobernador Provincial y Presidente de la Comisión Gestora y el Alcalde municipal y vicepresidente primero de la Comisión, después colocó la caja de plomo donde encerraron varios ejemplares de periódicos locales, monedas del país y una copia del acta firmada por todos los miembros de las diferentes Comisiones.

    La estatua de Miguel Jerónimo Gutiérrez fue esculpida con mármol blanco de Carrara de primera clase. Pesa 27 500 kilos y mide desde los pies hasta la cabeza 2,35 mts. El Monumento mide 6,25 mts. de frente, 5, 65 mts. de costado; 9,85 de altura total. Su construcción demoró diez y ocho meses por el escultor italiano UGO LUISI representado por José Pennino, quien realizó todos los contratos con la Comisión Gestora en Santa Clara. El precio total de los gastos ocasionados fue de 7 202, 09 pesos en moneda nacional de los cuales 3 341,70 fueron recaudado en colecta pública por un extenso listado de personas y entidades que aportaron.

    El 20 de mayo de 1919 fue develado en un gran acto solemne con la presencia de hijos, nietos y biznietos y otros familiares de Miguel Jerónimo Gutiérrez que acudieron desde Sagua la Grande y Cárdenas donde residían, también estuvo presente el General Gerardo Machado, el sacerdote Padre Ángel Tudurí, quien bendijo el monumento ubicado en la plaza que bordea el frente y el lado norte de la iglesia, llamado Parque 20 de Mayo, hoy conocido como Parque La Pastora, también asistieron funcionarios del gobierno provincial y municipal, intelectuales, la prensa y representantes de Sociedades, así como el pueblo en general.

    Por decisión familiar la señorita María Luisa Rosales le dirigió la palabra al público y por la Comisión Gestora lo hizo el Dr. Pedro Pérez Ruiz. En la base sobre la que descansa la estatua de Miguel Jerónimo Gutiérrez está la dedicatoria del monumento y a los lados del fuste,  dos bajorrelieves, uno que simboliza las glorias coronando al caído y en la otra línea la inmortalidad que aparece en el acto de su heroica muerte, es decir el fervor patrio y el sacrificio de su vida. 

    En el libro Los poetas de la Guerra donde se compilan los poemas relacionados con la Guerra de los Diez Años, cuyo prólogo le correspondió a José Martí, se incluyen las obras de Miguel Jerónimo Gutiérrez.

    En Santa Clara, la casa que perteneció a la familia Gutiérrez, en la calle Colón está señalizada con una tarja y la escuela contigua a la iglesia de Buenviaje, llevó su nombre por muchos años.

    (*)Machado Gómez, Eduardo. Autobiografía. Editorial Oriente, 1959 p 24.

    (Autora: M Sc Hedy Águila Zamora, profesora e Historiadora de la Ciudad.)    

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