Nació en el seno de una familia humilde y de pocos recursos el 14 de julio de 1870. Al fallecer, su padre, Agustín Jover, aunque no contaba con la edad, Marta Abreu, le asignó el puesto de este como director de la escuela de su propiedad y dedicada a la enseñanza de los niños de color “La Trinidad”.
 
Conocedora Marta de la vocación del joven por las ciencias no vacila en proponerlo al Ayuntamiento, a principios de 1894, para hacerse cargo del observatorio meteorológico que se crearía en la ciudad a la vez que se comprometía a mejorar el instrumental disponible donando nuevos aparatos.

Por esta época el Ayuntamiento de Santa Clara adquirió, en las afueras de la ciudad, los terrenos pertenecientes a la Estación Agronómica, que incluían una torre destinada a observatorio meteorológico. El Gobierno General dispuso que la torre con los pocos instrumentos de que estaba dotado el observatorio, fueran entregados al Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, el Ayuntamiento estimándose despojado, acordó solicitar del Gobernador General que le dejara la torre con el terreno que la circundaba, así como un ejemplar de cada uno de los instrumentos de observación que allí se encontraban. El Gobernador accedió y el 31 de enero de 1894 el Ayuntamiento creó una comisión presidida por Julio Jover para recibir la torre y los aparatos. Jover desde que recibió los instrumentos se puso a trabajar y obtuvo resultados sorprendentes con los que ganó a su favor la decisión del Ayuntamiento de designarlo al frente de la comisión encargada del traspaso de la torre y el instrumental meteorológico.

El joven meteorólogo comunicó al Ayuntamiento el 14 de marzo de 1894:  «acepto la entrega de la torre y los instrumentos recibidos del instituto comprometiéndome a realizar las observaciones meteorológicas sin recibir sueldo alguno durante 1894». El ofrecimiento es aceptado siendo nombrado Jover como Director Interino del Observatorio Meteorológico Municipal, además dentro de la misma sesión se solicitó al gobierno la franquicia telegráfica para la comunicación del referido centro con los demás observatorios de la isla, el observatorio de Washington, el de Puerto Rico y otros.
Por su parte, a mediados de febrero de 1894, La Habana se estremecía bajo un intenso frío. El comentario del día eran las bajas temperaturas que sufrían, por todas partes resonaba el nombre de Jover, la onda fría había sido pronosticada por este con 72 horas de anticipación a través del telégrafo desde Santa Clara. A raíz de este hecho el joven meteorólogo logró gran popularidad en toda la isla y el 21 de marzo de 1894 comenzó a publicar sus observaciones meteorológicas en forma de partes semanales a través del semanario «El Mosaico».

El 26 de marzo de 1894, Julio Jover fue nombrado oficialmente Director, el 1º  de abril se inauguró oficialmente el Observatorio Meteorológico Municipal y en los primeros días de mayo se recibieron los aparatos prometidos por Marta, los que contribuyeron a elevar la certeza de los pronósticos de Jover.

Al año siguiente como consecuencia de la guerra de independencia, el gobierno militar convirtió la torre del observatorio en fuerte y los aparatos volvieron al Instituto de Segunda Enseñanza, del que Jover fue director más tarde.

Durante la contienda independentista Julio Jover se mantuvo activo en su cooperación por la libertad de la patria siendo integrante del club Revolucionario Martí, de conjunto con Manuel García-Garófalo, Enrique del Cañal y Becallí, Florentino Martínez, Juan E. Valdés y otros. Dicho club brindó, en la última etapa de la revolución, valiosos informes a Máximo Gómez

En la república mantuvo una actitud firme en contra de la corrupción y por lograr mejoras en la enseñanza desde su cargo de Director del Instituto de Segunda Enseñanza. El 26 de febrero de 1916 falleció en su ciudad natal. El 2 de noviembre de 1917, obedeciendo a la voluntad popular, el Ayuntamiento cambió el nombre a la calle San Vicente por el del meteorólogo santaclareño.

Tomado de la aplicación para móviles “Santa Clara y su Historia”. Centro Provincial de Superación para la Cultura de Villa Clara, 2019.

Autora: MSc. Hedy Águila Zamora

Nació en la villa de Santa Clara el 26 de octubre de 1696. Hijo de Don Dionisio Surí y Doña María del Águila. Esta familia volvió a Remedios donde se radicaron durante la niñez de José Surí, allí perdió a sus padres. Desamparado y sin ocupación acudió al favor de un hacendado quien lo empleó para realizar trabajos agrícolas. En su corta edad no podía autovalorar su capacidad intelectual tan extraordinaria que poseía. No obstante brotaron de su imaginación los primeros versos alusivos a las tareas que realizaba, de forma tal que ya convertido en un poeta, viajó al poblado y ansioso de instruirse buscó ayuda. Estudió la Lengua Latina, Historia, especialmente la Sagrada, lo que sirvió para mejorar su lenguaje poético y también tuvo facilidades para aprender los conocimientos médicos de la época, consiguió libros y los aprovechó muy bien y con la práctica, alcanzó cierto respeto entre sus conciudadanos.
Manuel García Garófalo Mesa dijo de él: "Pobre campesino que en su infancia trocó el arado por la lira y de ella brotaron en asombrosa fecundidad versos sonoros, que aún hoy pueden ser modelos de metro y de dicción, sin estudios se hizo médico y farmacéutico, y poseyó en raro sonoro la ciencia y la poesía, el remedio del organismo y el bálsamo del espíritu".
Después del año 1730 se domicilió en Santa Clara con su familia porque había contraído matrimonio con Doña Águeda García, primera directora de escuela que tuvo Santa Clara en la creada por el Padre Conyedo para las niñas. Tuvieron varios hijos y uno de ellos, José Francisco Surí García, bachiller, se destacó como profesor de Medicina y Cirugía.
A la llegada de Surí a la villa de Santa Clara no existían suficientes médicos, ejerció la medicina más por humanidad que por otros intereses. Por sus aciertos con los enfermos, se ganó la aceptación pública hasta el punto de preferirlo a él que a los facultativos profesionales que existían. Esto causó malestar en aquellos y lo denunciaron al Protomedicato por ejercer la medicina sin poseer título acreditativo, considerado como Hombre intruso en la ciencia, de modo que fue llamado a La Habana ante el Capitán General en 1743.
Se presentó ante un tribunal acusado de graves cargos, logró aplazar la audiencia aludiendo necesidad de descansar del largo viaje desde Santa Clara hasta La Habana, pero en realidad quiso ganar tiempo para presentar de memoria y en versos un tratado de medicina con los conocimientos de esta ciencia propios de la época. Dejó estupefacto a los miembros del Tribunal quienes además de aprobarlo en Medicina, Cirugía y Farmacia, lo felicitaron por su capacidad y su ocurrencia y le autorizaron a poseer una farmacia en su casa. Fue admitido por el Cabildo en sesión del 23 de septiembre de 1743, donde prestó juramento y se le entregó la insignia correspondiente que consistía en un bastón de plata liso.
Se estableció la primera farmacia en la villa, aunque desde antes ya el francés Dubois de la Rosa había incursionado en esta profesión pero con un simple depósito de ungüentos. En 1746 fue designado por el Protomedicato médico cirujano del Hospital de Caridad.
Su extraordinaria facilidad para memorizar le permitía dar una ojeada a los escritos y recitar los versos. En 1761 por encargo de la municipalidad escribió un entremés que se puso en escena por motivos de las festividades del Corpus Christy. También era aficionado a la música y tocaba el violín. De su obra poética quedaron algunos ejemplares, todos de carácter religioso, dedicados a la virgen y a los santos y uno que hizo por encargo de un amigo.
Murió el 30 de octubre de 1762 cuando acababa de cumplir 66 años, su cadáver por orden de su voluntad, fue sepultado sin caja en un sitio de la Parroquial Mayor. Sus restos como los de otras tantas personalidades de Santa Clara desaparecieron con los constantes cambios de lugar que sufrió el cementerio antes de llegar al lugar definitivo donde se encuentra actualmente.
En vida perteneció a la Tercera Orden San Francisco, de ahí que se le conociera como "Hermano Surí". José Surí Águila está considerado como el primer poeta villaclareño que se conozca.

Tomado de la aplicación para móviles “Santa Clara y su Historia”. Centro Provincial de Superación para la Cultura de Villa Clara, 2019.

El general José de Jesús Candelario Pantaleón Juan Monteagudo Consuegra, según certificado de bautismo, nació en Santa Clara, en la provincia de Las Villas, el 27 de diciembre de 1861.
Su trayectoria de lucha contra el colonialismo español es muy rica. De él manifestó Manuel García Garófalo: “general que fue un carácter, y que nació para militar enérgico, valiente y caballeroso” y, además, que contribuyó incansablemente a “legar a sus hijos la Patria Independiente”.

Actividad revolucionaria en Santa Clara
Por su iniciativa se creó el club revolucionario “Hermanas de Juan B. Zayas”, dentro del cual conspiró su madre. Desde la Logia Iris, de Placetas comenzó a conspirar contra el gobierno español y por esa causa tuvo que huir hacia los Estados Unidos; allí entró en contacto con Serafín Sánchez y Carlos Roloff, y regresó a Cuba el 26 de octubre de 1895, junto a 26 hombres equipados y bien armados, ya con el grado de capitán. La provincia de Las Villas supo de su valentía: Sagüita, La Solapa, Los Róbalos, Remedios, Placetas, Santa Clara.
El 30 de noviembre, Monteagudo y su grupo de subordina a las órdenes del coronel Juan Bruno Zayas, y ya a mediados de diciembre, a las del General en Jefe, Mayor General Máximo Gómez. Luego se incorpora al cuarto escuadrón del Regimiento Las Villas, y en ese mismo mes, el 18, lo asciendieron a comandante, por sus servicios a la Patria y antigüedad en el Ejército.

Dentro del club revolucionario
Juan Bruno Zayas abogó siempre por constituir un club en el que se reunieran para organizar acciones conspirativas contra el régimen, por lo que en diciembre de 1895 las acciones de Monteagudo llevaron a la creación oficial del club que en junio de 1896 tomó el nombre de Juan Bruno Zayas. En ese círculo devino su escuela dentro del movimiento conspirativo. Entre los combates en los que participó destacan: Iguará, Fomento, Los Indios, Alturas de Manacal, Loma del Quirro, Boca del Toro, La Esperanza, Ojo de Agua, Placetas, Cacahual, Suazo.

Ascensos por sus servicios
Por su servicio a favor de la independencia y el valor demostrado en el combate fue ascendido primero a teniente coronel hasta llegar a general de división, grado con el que culminó la guerra.
El ejército español abandonó la ciudad de Santa Clara el 31 de diciembre de 1898, e hizo su entrada el Ejército Libertador, al mando del general José de Jesús Monteagudo por el lugar que se conoce en la actualidad como La Ceibita, que debe su nombre a una ceiba sembrada allí posteriormente por miembros del Club Juan Bruno Zayas para perpetuar el histórico hecho del general Monteagudo al picar los 52 pelos de alambre de púa que cercaron la ciudad.
Entre las palabras de agradecimiento al pueblo que recibió a los mambises, estuvo presente la del general Monteagudo. También el General de Brigada José Braulio Alemán representando al Ejército Libertador, pronunció un discurso en ese histórico lugar. El Ejército Libertador se dirigió hacia la Plaza (en la actualidad, parque Leoncio Vidal), lugar en que se realizó el acto central de bienvenida.

Nombramientos
Durante la ocupación norteamericana fue nombrado Jefe de la Guardia Rural de Santa Clara y luego de Cuba. También fue senador por Las Villas, jefe de Inspección de la Oficina Nacional del Censo, jefe del Estado Mayor del Ejército Nacional.

Sus huellas en Santa Clara.
En la actualidad, en la calle José Martí de Santa Clara, existe en una de sus paredes, entre Luis Estévez y Máximo Gómez, una tarja que informa que el inmueble que hoy tiene el número 11, fue la casa donde nació el patriota villaclareño General José de J. Monteagudo.

Su muerte ocurrió en el balneario de Amaro (Santo Domingo, Las Villas), durante la convalecencia de una afección hepática, el 14 de diciembre de 1914.

Tomado de la aplicación para móviles “Santa Clara y su Historia”. Centro Provincial de Superación para la Cultura de Villa Clara, 2019.

Autora: Lic. Migdalia Cabrera Cuello

Nacida en Camagüey, vivió la mayor parte de su vida en Santa Clara, lugar al que se trasladó por motivos familiares, dada su vinculación con la familia de Miguel Gerónimo Gutiérrez. Junto a otras mujeres de la localidad se relacionó con los patriotas villaclareños desde los inicios de la conspiración a favor de la insurrección armada. Inés bordó la bandera que fue izada en el Cafetal González y estuvo entre aquellas que trabajaron a favor de la causa libertadora en el acopio de alimentos, medicinas, ropas y armas.
Fue confidente del General Carlos Roloff, a quien enviaba información e importantes datos para propiciar las acciones del Ejército Libertador en la zona, sobre todo la relacionada con el número de hombres, tropas que llegaban a la ciudad de Santa Clara y sus movimientos.
Capturado uno de sus correos, fue detenida por las autoridades españolas que la juzgaron junto a su compañero, ambos fueron condenados a muerte, pero a Inés le fue conmutada la pena por la permanencia en la casa de recogidas de la Habana. A pesar de las presiones ejercidas sobre ella y de su condena a muerte, nunca ofreció información sobre sus contactos en Santa Clara y otros valiosos datos que conocía.
Inés fue liberada cuando se inició la gestión pacificadora de Martínez Campos. En la Guerra de 1895, fue miembro del Club Revolucionario "Hermanas de Juan Bruno Zayas" que mucha ayuda prestó en aquella contienda. Murió en Santa Clara el 13 de agosto de1906.
Bibliografía:
Cabrera Cuello, Migdalia. VillaClara y sus luchas por la independencia (1878-1898). Editorial Capiro, Santa Clara, 2007.

Tomado de la aplicación para móviles “Santa Clara y su Historia”. Centro Provincial de Superación para la Cultura de Villa Clara, 2019.

Una de las figuras literarias más destacadas de Santa Clara en el siglo XIX. Gran parte de su obra periodística y poética prácticamente resulta inexistente en bibliotecas y archivos por la acción del tiempo. Aunque algunas de sus poesías y datos sobre su vida manuscritos e impresos se han podido se ha rescatado parte de su obra en el Fondo Personal de Manuel García Garófalo que se atesora en el Archivo Histórico Provincial de Santa Clara.
Nació el  1ro de diciembre de 1825 y fue bautizado en la iglesia Parroquial Mayor el 26 de diciembre del propio año por el Párroco Pedro Guillermo Gutiérrez, según consta en el folio 72 del Libro 19 de la certificación de bautismo solicitada en el archivo de la Diócesis Santa Clara de Asís. Fueron sus padres el Cadete de Milicias Don Eulogio Capirot, y Antonia Josefa Yera, naturales y vecinos de la villa de Santa Clara.   Recibió la primera enseñanza en la Academia Santa Clara (fundada el 31 de mayo de 1829).
En 1849 fundó del instituto El Buen Pastor, situado en la actual calle Buenviaje entre Maceo y Parque Vidal, lugar donde residió, muy cercano a la vivienda de Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) y del escritor y maestro Andrés Sánchez Capiró, sitio frecuentado por intelectuales para efectuar sus tertulias.  El referido centro fue dirigido por Eligio por cuatro años. Además de ser maestro del plantel, en sus ratos libres escribía para los periódicos de la localidad.
Desde muy temprana edad dio a conocer sus primeras letras escribiendo poesías para un periódico que salía con periodicidad semanal y manuscrito, titulado: “El Tropical” redactado por los alumnos de la Academia, que dirigía Juan Bautista Fernández. Logrando con ello desarrollar entre los estudiantes el gusto literario y el interés por el estudio. 
Con quince años Compuso su primera poesía: «Languidez» dedicada a su amigo Pedro de Hara siguiéndole, «A Cubanicay», «A José de Jesús Véliz», «A Juan Bautista  Fernández» con motivo del fallecimiento de su padre, «A la virgen del Carmen», «Amar es vivir», «A Miguel Jerónimo Gutiérrez», «Amor a la gloria», «Año nuevo», «A Rosa», «A una guitarra», «El ¡Ay! del corazón», «El café», «El crepúsculo del amor», «Lágrimas sobre la tumba del Presbítero José Dionisio Veitía», «Las Cubanas», «Memorias», «No llores», «Piensa en mi», «Serenata campestre», «Tristes momentos» y alguna otras inédita.  Sus poesías fueron publicadas en órganos de prensa como: El Eco de Villaclara, La Alborada, La Amapola, El Agustino y otros periódicos de la etapa colonial. 
Fue colaborador en el periódico La prensa de La Habana, utilizando en la mayoría de los versos el seudónimo Florentino Ligero. Su actividad poética se desarrolló en pleno siglo XIX
Como periodista se inicio como colaborador del primer periódico que tuvo Santa Clara, El Eco de Villa Clara, dirigido por el camagüeyano Manuel de Sed y Colón, instituido el día 3 de diciembre de 1831 y se dejó de editar el 1º de agosto de 1856.  En sus páginas aparecían noticias oficiales y de interés, así como copias de artículos publicados en periódicos de La Habana y Madrid.
Además de Eligio tuvo colaboraciones de destacadas personalidades en las letras y la cultura como Fancisco Poveda y Armenteros, el historiador Manuel Dionisio González, Miguel Jerónimo Gutiérrez, el presbítero José Dionisio Veitía, Emilio Pichardo, los hermanos Santos Suárez, Manuel Cecilio Blanco y el reconocido poeta, Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido).
Junto a Manuel Dionisio González y José de Jesús Veliz fue fundador y redactor del segundo órgano periodístico local que tuvo la villa y de gran interés para los habitantes de Villaclara: La Alborada, fundado el 14 de febrero del año 1856.  Contaba esta publicación en sus páginas con abundante contribución literaria.  En ella Capiró dio pruebas de constancia y actividad, siendo un asiduo y entusiasta redactor.  Escribió artículos relativos a la enseñanza  y temas que resultaron de interés en la ciudad que lo vio nacer.
En colaboración con el patriota Miguel Jerónimo Gutiérrez y el historiador Manuel Dionisio González escribió la comedia en tres actos y en verso tituladas «Idealismo y Realidad» en el año 1848.
Murió muy joven, el 5 de enero de 1859.  El 1ro de noviembre de 1865, a los seis años de su fallecimiento en la Sociedad Filarmónica se le rindió homenaje en el que fue presentado su folleto: «Ofrenda de gratitud».  En el acto cultural por la recordación del poeta, fue colocado su retrato en el salón principal de la referida Sociedad Filarmónica de Santa Clara.  Sus restos mortales fueron trasladados del antiguo cementerio al recientemente construido.  El epitafio colocado en la lápida del nicho fue dedicado por el poeta Miguel Jerónimo Gutiérrez, decía:
Eligio yace aquí.  Mustia y doliente
Lloró la fobia su existir fugaz;
Brillaba el genio en su espaciosa frente
Y en su alma la virtud. ¡Descanse en paz!


Composiciones dedicadas a Eligio fueron escritas por los poetas: Félix Martínez, Ana Josefa Fernández y Velazco (Estrella), Emilio Pichardo, María Ana de la Cruz Prieto (Amira), Salvador Amador Domínguez, Francisco Toymil, Antonio Vidaurreta y Álvarez, la poetisa y educador Enma González Téllez, entre otros.

Tomado de la aplicación para móviles “Santa Clara y su Historia”. Centro Provincial de Superación para la Cultura de Villa Clara, 2019.